Jota Eme, un hombre de paz

Al pensar en cómo definir a Julio Martínez Pradanos se vienen muchas ideas o frases a la cabeza; como la de una leyenda inmortal, pero ¿leyenda de qué? de todo, una persona ejemplar, distinguido.
Imagen de Pablo Ramos
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08 de Enero, 2008 08:01

En una de sus innumerables entrevistas Don Julio se refirió a su muerte preguntándose ¿qué es lo que pasaría?, pues lo primero que respondió fue que su mayor dolor era pensar en la pena que sentiría su extendido círculo de seres queridos al provocarse el quiebre entre su vida terrenal y la partida de ella.
Inmediatamente de esa pequeña reflexión se cuestionó en voz alta: ¿cómo me gustaría que me recordaran?, y en seguida se auto respondió; un hombre de paz. Y justamente eso era Julio Martínez, un ejemplo a seguir cultivando siempre la paz entre quienes atendían a su rica oratoria, no es coincidencia que ese discurso de la Teletón de 1979 hubiese producido tal impacto en la sociedad chilena de aquél entonces, como para decir, “me meto la mano al bolsillo y vamos al instante al banco”.
La situación es que él siempre decía las cosas de frente tal y como debían ser, pero siempre manteniendo el respeto, es decir, sin ofender o insultar. Emplazamiento que en la actualidad está totalmente viciado, y es quizás también por eso que Julito se ha transformado en una persona tan querida popularmente.
Al pensar en cómo definir a Julio Martínez Pradanos se vienen muchas ideas o frases a la cabeza; como la de una leyenda inmortal, pero ¿leyenda de qué? de todo, una persona ejemplar, distinguido, si se pudiera elegir a un hijo ilustre de Chile; Don Julio encarna perfectamente esa condición de patriotismo eterno y elegante, o sea, con estilo, el mismo estilo que lo llevó a destacarse en distintos ámbitos de las comunicaciones, es decir, en el plano cultural, político, religioso y obviamente el deportivo.
Pero la mejor definición que se me ocurre de JM es: “el poeta de las cosas simples”, ¿se podría decir que es un poeta? Sí, pero no sería cualquiera, él no se adecuaba en sus discursos a utilizar palabras largamente rebuscadas u oraciones con un profundo sentido metafórico, sino simplemente, el testimonio justo y preciso que provocara en sus “amables oyente” la sensación ideal que él deseaba, comúnmente reconocida por su armonía, y ya técnicamente el real uso del ritmo y entonación de la voz.
Quizás si uno se pregunta cuál es su legado, inmediatamente aparece la imagen comunicacional ligada al periodismo deportivo, el cual durante 60 años cultivó y enriqueció, transformándose en objeto de estudio de las generaciones posteriores a él. Es que fue un ser humano de valores incalculables, los mismos que ligó al periodismo, traspasándolos a la gente que lo seguía, y que desde ahora sigue para siempre.

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