Adios a Volodia, amante de las Letras
"No hay Siglo XX en Chile sin Volodia" (Gonzalo Rojas, poeta)
“Ud. dice que el mundo está echado a perder. Yo creo que está mal hecho. Los hombres tienen mucho que sufrir todavía”... Fragmento de “Hijos del Salitre”
Ya no está Volodia, ha partido de esta patria y de este tiempo dejando despojado el siglo de su presencia casi infinita. Como actor y testigo privilegiado del devenir de dos siglos este poeta, ensayista, y escritor ha trascendido la palabra dejando su retrato plasmado entre las líneas de toda una generación de escritores, donde destaca junto al gran poeta lebulense Gonzalo Rojas, y Eduardo Anguita.
Nos queda la grandeza de las obras de este Premio Nacional de Literatura 2002, la diversidad de géneros que abordó con exquisito manejo del lenguaje. La dedicación y acuciosidad en las biografías : “Neruda”, “Gabriela Mistral Pública y Secreta” (Pese a que junto a Eduardo Anguita publicaron en 1935 la “Antología de la poesía chilena nueva” en medio de gran polémica y fuertes críticas pues incluía solo a diez autores entre los cuales no figuraba Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945) , “Huidobro: La marcha infinita”, “Los dos Borges” . La tragedia de la pobreza y los sueños del pampino en “Hijos del Salitre” (1952) ; “Pisagua: La tragedia en la Arena” en el escenario de este emblema de la libertad perdida y con notable realismo literario plasmó su experiencia y la relatada por otros relegados como el , de la época de Gonzalez Videla. Otras obras destacadas son: “Hombre y Hombre” (1969); “La Guerra Interna” (1979); El País Prohibido” 1988; “La gran Guerra de Chile, y otra que nunca existió (2000). Su testimonio memorístico en “Un muchacho del siglo XX” (Antes del Olvido) , la segunda parte llamada “Un hombre de edad media”. Cada una de las partes entrega una descripción íntima de los sucesos desde el escenario y tras bambalinas, es actor y espectador a la vez. La mirada personal desde el extremo presente hacía el inicio, la infancia, el niño nacido en Chillán el 17 de Marzo de 1916, que estudió en Curicó. Un verdadero viaje, un recorrido por la historia.
Distinguido con el grado de “Doctor Philosophie Honoris Causa de la Universidad Humboldt” (1987), la Orden Gabriela Mistral en el Grado de Gran Oficial (1996), el Premio Municipal de Ensayo 1969 por su obra “Hombre y hombre”, el Premio Ensayo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 1996 por “Huidobro, la marcha infinita”, el Premio Municipal de Ensayo 1997 por “Los dos Borges (Vidas, sueños y enigmas)” y el Premio Altazor 2001, categoría ensayo por “La gran guerra de Chile y otra que nunca existió”, entre otros.
Con el poeta de Lebu, Gonzalo Rojas, mantuvieron una gran amistad, que en sus inicios tuvo nombre de mujer, ya que el joven Volodia estaba prendado de una joven estudiante de pedagogía en la Universidad de Concepción llamada Hilda May y ésta, por su parte, solo tenía ojos para el joven profesor y poeta Rojas. Con el tiempo, ella se transformó en la compañera y musa de Gonzalo Rojas, hasta su muerte en 1995. Volodia por su parte, hasta hace pocos años la recordaba todavía “el punto de referencia esencial, inevitable y al cual no podíamos escapar, era la contemplación de Hilda”
Gonzalo Rojas, durante la celebración de los 45 años del lanzamiento de “Pisagua, La semilla en la arena” señaló “Los grandes maestros como él no basta con amarlos, hay que merecerlos”.
Ya no está Volodia, ha partido de esta patria y de este tiempo dejando despojado el siglo de su presencia casi infinita. Como actor y testigo privilegiado del devenir de dos siglos este poeta, ensayista, y escritor ha trascendido la palabra dejando su retrato plasmado entre las líneas de toda una generación de escritores, donde destaca junto al gran poeta lebulense Gonzalo Rojas, y Eduardo Anguita.
Nos queda la grandeza de las obras de este Premio Nacional de Literatura 2002, la diversidad de géneros que abordó con exquisito manejo del lenguaje. La dedicación y acuciosidad en las biografías : “Neruda”, “Gabriela Mistral Pública y Secreta” (Pese a que junto a Eduardo Anguita publicaron en 1935 la “Antología de la poesía chilena nueva” en medio de gran polémica y fuertes críticas pues incluía solo a diez autores entre los cuales no figuraba Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945) , “Huidobro: La marcha infinita”, “Los dos Borges” . La tragedia de la pobreza y los sueños del pampino en “Hijos del Salitre” (1952) ; “Pisagua: La tragedia en la Arena” en el escenario de este emblema de la libertad perdida y con notable realismo literario plasmó su experiencia y la relatada por otros relegados como el , de la época de Gonzalez Videla. Otras obras destacadas son: “Hombre y Hombre” (1969); “La Guerra Interna” (1979); El País Prohibido” 1988; “La gran Guerra de Chile, y otra que nunca existió (2000). Su testimonio memorístico en “Un muchacho del siglo XX” (Antes del Olvido) , la segunda parte llamada “Un hombre de edad media”. Cada una de las partes entrega una descripción íntima de los sucesos desde el escenario y tras bambalinas, es actor y espectador a la vez. La mirada personal desde el extremo presente hacía el inicio, la infancia, el niño nacido en Chillán el 17 de Marzo de 1916, que estudió en Curicó. Un verdadero viaje, un recorrido por la historia.
Distinguido con el grado de “Doctor Philosophie Honoris Causa de la Universidad Humboldt” (1987), la Orden Gabriela Mistral en el Grado de Gran Oficial (1996), el Premio Municipal de Ensayo 1969 por su obra “Hombre y hombre”, el Premio Ensayo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 1996 por “Huidobro, la marcha infinita”, el Premio Municipal de Ensayo 1997 por “Los dos Borges (Vidas, sueños y enigmas)” y el Premio Altazor 2001, categoría ensayo por “La gran guerra de Chile y otra que nunca existió”, entre otros.
Con el poeta de Lebu, Gonzalo Rojas, mantuvieron una gran amistad, que en sus inicios tuvo nombre de mujer, ya que el joven Volodia estaba prendado de una joven estudiante de pedagogía en la Universidad de Concepción llamada Hilda May y ésta, por su parte, solo tenía ojos para el joven profesor y poeta Rojas. Con el tiempo, ella se transformó en la compañera y musa de Gonzalo Rojas, hasta su muerte en 1995. Volodia por su parte, hasta hace pocos años la recordaba todavía “el punto de referencia esencial, inevitable y al cual no podíamos escapar, era la contemplación de Hilda”
Gonzalo Rojas, durante la celebración de los 45 años del lanzamiento de “Pisagua, La semilla en la arena” señaló “Los grandes maestros como él no basta con amarlos, hay que merecerlos”.
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