Carlos Pezoa Véliz: Poeta del Pueblo, Poeta de Todos

Es el primer gran poeta de Chile. Sus raíces y su obra son netamente populares.
Murió a los 29 años, pero dejó para la historia algunos grandes poemas. “Nada”,
“Tarde en el hospital”, son clásicos... Por José Martínez
Imagen de José Martínez Fernández
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18 de Marzo, 2008 08:03

Este enorme poeta chileno nació en 1879. Su poesía es un espejo donde refleja la injusticia que vivieron los más pobres de Chile. Tiene también poesía humorística y poesía intimista, en la cual hizo verdaderas pequeñas obras maestras.
Como Pedro Antonio González, contemporáneo de Pezoa Véliz, pero menos conocido que éste, fue un crítico social. Acusó fuertemente la matanza de la Santa María de Iquique. También habló de las injusticias que sufrían los trabajadores del campo. Todo tipo de miseria económica y humana fue expresada por su voz. Esa fue parte de la obra social-acusadora de Pezoa Véliz.
Además fue un magnífico cronista. También escribió cuentos.
En el ente poético-social de este bardo es interesante encontrar en su poema Teodorinda los siguientes versos:
“Linda muchacha, crece de prisa…/ ¡Cuídala, viejo, como a una flor/. Esa muchacha llena de risa/ es un bocado que el tiempo guisa/ para las hambres de su señor.”
Expuesta queda aquí la imagen del poder del hacendado que puede disponer de las hijas de sus trabajadores. Imagen típica de comienzos del siglo veinte y de lo que aconteció también en el siglo diecinueve en un Chile dominado por la más rancia aristocracia terrateniente en que descuellan los Valdivieso, los Carrera, los Montt y otras familias.
Carlos Pezoa Véliz fue un hombre de ideas ácratas y fue marcado fuertemente por su repudio de lo religioso.
Procedente de la clase media baja, Carlos Pezoa Véliz, es autodidacta. Trabaja incluso como profesor en algunos liceos y sus artículos y poemas aparecen en diarios.
Su vida, entre alegre y triste, se hundirá en lo segundo tras el terremoto de Valparaíso de 1906. Allí quedó con una leve cojera. Luego contrajo tuberculosis. Internado en el hospital San Vicente de Paul –en un tratamiento costeado por sus amigos del Ateneo de Santiago-, el gran poeta no pudo luchar con su enfermedad. Falleció en 1908.
Su obra, entonces, estaba dispersa. Fue tarea de otros publicarla en forma de libros.
Así aparecen: “Alma chilena” (poesía, 1911); “Las campanas de oro” (poesía, 1920) y “Poesías, cuentos y artículos” (1927).
Nicomedes Guzmán –autor de “La sangre y la esperanza”- será quien, en 1957- reúna y prologue una antología de su obra.
De toda su actividad literaria será en la poesía donde destaque con claridad. De allí que se le señale como el primer gran poeta chileno.
Pezoa Véliz es el vate que abre el sendero de nuestra peculiar y maravillosa poética. Tras él vendrán los grandes maestros de nuestra poesía: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Pablo de Rokha y Vicente Huidobro.
Carlos Pezoa Véliz tiene su lugar claramente diseñado en ese género literario. La belleza de sus versos sencillos calan los sentimientos de todos los seres sensibles.
Sus versos son como gotas de rocío en el despertar de un desierto: van construyendo paso a paso la arquitectura de una planta pequeña, al mismo tiempo que va poniéndole las flores.
Hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales se emocionan con “Nada” y “Tarde en el hospital”.
Reproduzco este último poema: “Sobre el campo el agua mustia/ cae fina, grácil,
leve;/ con el agua cae angustia: llueve…// Y pues solo en amplia pieza/ yazgo en cama, yazgo enfermo,/ para espantar la tristeza,/ duermo.// Pero el agua ha lloriqueado/ junto a mí, cansada, leve./ Despierto sobresaltado:/ llueve…// Entonces, muerto de angustia/ ante el panorama inmenso,/ mientras cae el agua mustia, / pienso.”

Trabajo breve, perfecto y bellísimo. Su gran musicalidad está diseñada con suma perfección. El vate fue capaz de expresar su soledad y su dolor con todo el drama que ello le significaba. “Tarde en el hospital” es uno de los mejores poemas de la literatura chilena de todos los tiempos.
Cuando uno ve una imagen, un dibujo, de la faz del poeta, se ve la figura de un hombre triste…hundido en la sensibilidad típica del bardo. Me recuerda el rostro nostálgico de Jorge Teillier, otro gran poeta nuestro. Allá en la SECH, allá en las Ferias del Libro de Santiago, donde intercambiábamos unas cuantas palabras, Teillier mostraba la tranquilidad de su vida con el semblante sombrío que, pocas veces, interrumpía con unas sonrisas muy leves.
Carlos Pezoa Véliz permanece y vivirá eternamente en las luces y sombras de nuestra poesía mayor.
FUENTES:
“Antología de la poesía chilena”, Sergio Atria. Ediciones Cruz del Sur, Santiago de Chile, 1946.
“Diccionario de la Literatura Chilena”, Efraín Szmulewicz. Ediciones Rumbos, Santiago de Chile, 1997.
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Imagen de Florencio Faúndez

José, siempre

José, siempre recordándonos a los ariqueños que no estamos solos y que la poesía, es un arte, es una magia pasada-presente y futurista, es un mensaje, es una labor de gran sensibilidad social también, tal como es tu dedicación, un gran saludo al amigo y poeta, he encontrado muchos valores actuales hasta en los cerros y quebradas de nuestra Nueva Región, te reitero mi afecto públicamente para que no creas que "nadie dijo nada" de tus grandes ganas de imprimirle poesía a Arica y a nuestras vidas.

Imagen de Juan

Merecido homenaje a uno de

Merecido homenaje a uno de los grandes poetas nuestros y que en ningún caso debe permanecer olvidado. Felicito al Sr. Martínez por esta acertada nota que rescata la obra de un gran personaje de la literatura nacional.

Cómo no mencionar su memorable poema "Nada" que contiene una denuncia social de gran relevancia.

Era un pobre diablo que siempre venía,

cerca de un gran pueblo donde yo vivía:

joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,

siempre cabizbajo, tal vez un perdido!

Un día de invierno lo encontraron muerto

dentro de un arroyo próximo a mi huerto

varios cazadores que con sus lebreles

cantando marchaban... Entre sus papeles

no encontraron nada, los jueces de turno

hicieron preguntas al guardián nocturno,

éste no sabia nada del extinto,

ni el vecino Pérez ni el vecino Pinto.

Una chica dijo que sería un loco

o algún vagabundo que comía poco.

Y un chusco que oía las conversaciones

se tentó de risa, vaya unos simplones!

Una paletada le echó el panteonero

luego lío un cigarro, se caló el sombrero

y emprendió la vuelta.. Tras la paletada

nadie dijo nada, nadie dijo nada....

Imagen de Rubén Saavedra Vásquez

Excelente artículo y

Excelente artículo y recuerdo de un gran poeta chileno. Un canto a lo sencillo en sus versos que denotan el drama social y cotidiano.

Nada : Una paletada le echó el panteonero:

luego lió un cigarro, se caló el sombrero

y emprendió la vuelta. Tras la paletada

nadie dijo nada, nadie dijo nada.

El perro vagabundo:

Es una larga historia de perezas,

días sin pan y noches sin guarida.

Hay aglomeraciones de tristeza

en sus ojos vidriosos y sin vida.

En las calles que cruza a paso lento

buscan sus ojos sin fulgor ni brillo

el rastro de un mendigo macilento

a quien piensa servir de lazarillo.

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