“La Iglesia debe tener una Voz Fuerte en la Ciudad"
El P. John Henry, S.J. es un baluarte en nuestra ciudad, formando junto a los feligreses, un templo de fe y esperanza en el corazón de Arica. Conozcamos parte de su hisotria en esta entrevista Por Orlando Contreras sj.
En el año 1959 llegaron los padres jesuitas a nuestra diócesis, para fundarla. Testigo de varios de esos años ha sido el Padre John Henry, S.J., jesuita norteamericano que ha pasado gran parte de su ministerio sacerdotal en nuestro país.
¿Cómo es su historia con Chile?
"El obispo de Osorno, Monseñor Valdés, pidió ayuda a la Provincia de Maryland para hacerse cargo del colegio San Mateo. Mi provincial pidió voluntarios y me ofrecí a venir. Cuando llegué a Chile el año ’59, proveniente de Filadelphia, asumí la rectoría del colegio. Los padres del Verbo Divino lo habían fundado".
¿Y por qué vinieron desde Estados Unidos a hacerse cargo del colegio?
"Ante la petición de monseñor Valdés, la provincia chilena de los jesuitas no podía hacerse cargo del San Mateo, por eso que consultó en Roma al mismísimo general de la Compañía, quien lo guió a la provincia jesuita de Maryland, en EE.UU. Fue entonces, que se encomendó a dos jesuitas, la misión de averiguar acerca de la viabilidad de tener un colegio en Osorno".
Después de Osorno, ¿volvió a EE.UU.?
"No. Cuando salí de Osorno, estaba totalmente libre porque no sabía donde iría. Tomé el tren, en el que no había nadie más que yo, en dirección a Santiago y cuando llegué allí, el provincial me ofreció dos posibilidades: Arica o el Colegio San Ignacio Alonso Ovalle de Santiago. Fue así que el 1 enero del año ‘70 llegué a este último. En el colegio, trabajé como director del departamento de pastoral y el área social".
¿Cómo vivió las dificultades sociales del año ’73?
"Curiosamente, el año ‘73 lo pedí como sabático para hacer estudios de Biblia en Nueva York. Estando en EE.UU., la noche del 10 de septiembre, alguien del noviciado –donde estaba dando una charla a los novicios- me señaló que Chile iba a salir en las noticias del día siguiente (habían escuchado de paros y marchas) y al otro día, como una premonición, efectivamente salieron noticias, pero no del paro, sino del Golpe Militar".
¿En qué momento se decidió su vuelta a Chile?
"Cuando llegó el tiempo de volver, envié una carta al Provincial de Chile diciéndole que estaba muy viejo para ir a colegios, por lo que creía que debía ir a algo pastoral. Me hablaron de Chuquicamata, pero el Provincial de Maryland, me envió por 4 años a la parroquia Sait Ignatius –unida a un colegio-, a las afueras de Baltimore, para darle vida. Emplazada en un sector violento, se estaba muriendo y había que salvarla.
Volví a Chile el año ‘78 para incorporarme a la misión de Arica. Entré a la Universidad de Tarapacá, dando cursos de ética de negocios para los ingenieros comerciales y contadores por un lapso de 14 años. El Padre Juan Valdés trabajaba a tiempo completo y yo trabajaba sin sueldo, pues en esos años, la UTA era sede de la Universidad Católica del Norte. Dí algunos cursos electivos de Biblia, que también daba en parroquias".
¿Cómo estaba compuesto el clero de Arica cuando llegó?
"Cuando llegué el año ’78, había un sacerdote diocesano en la Parroquia Sagrado Corazón, un capuchino en Las Peñas, 12 jesuitas y 6 diáconos que asistían las capillas. En ese tiempo era obispo don Ramón Salas, un hombre inteligente, fuerte, que vivía muy pobremente en una pieza de la capilla Buen Pastor y después, pasó a vivir a otra en la catedral. Poco después, llegaron Santiago y Andrés Sharp. También llegaron sacerdotes columbanos que se quedaron alrededor de 15 años".
¿Cómo fue cambiando la misión de la Compañía de Jesús con los años?
"Desde que la Compañía de Jesús llegó el año ‘59, su misión era colaborar en fundación y organización de la diócesis de Arica. Cuando se cumplió con esta misión, con el nombramiento como diócesis el año ‘87, de inmediato bajó el número de jesuitas. Nos quedamos con las parroquias Santa Cruz, el Carmen, Cristo Hermano y San Ignacio. Dejamos San Ignacio con la muerte del Padre Gene Hosey el año ‘92 y Cristo Hermano el año 2006, con la partida a otra misión del Padre Federico Vera.
Desde entonces, nos quedamos en los Bailes Religiosos; la Universidad; con el Centro Ignaciano –fundado el año ‘92 al lado de la Parroquia Santa Cruz para la formación de los Agentes Pastorales- seguimos realizando la Escuela de la Fe -que nace a partir de los cursillos de cristiandad- y formamos una Escuela de Dirigentes".
¿Qué le diría a sus compañeros jesuitas y a la Iglesia de Arica hoy?
"Los viejos fundaron una buena Iglesia, porque se fueron a meter a las poblaciones, donde viven los más pobres y la armaron con ellos. Me parece que los jesuitas deben seguir apostando a la formación de personas, desde el Centro Ignaciano, con los acentos que nos dan los Obispos de América Latina en sus documentos como el de Aparecida. También, creo que la Iglesia debe tener una voz fuerte en la ciudad, sobre todo entre los intelectuales. Don Héctor hace esfuerzos de poner estos temas en el ambiente y eso es muy bueno".
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El enemigo ( el diablo )
El enemigo ( el diablo ) esta hoy en las calles y no en las Postas espirituales (Las iglesias ). Es por eso que echo de menos a los antiguos curitas, esos que vivian con los pobres económicamente y pobres espirituales de las ciudades y pueblos, el curita amigo y concejero de las familias el que compartía una humilde o contundente meza y daba las bendiciones a los alimentos. Hacen falta curitas que imiten a jesucristo como El lo hizo en su época, tangibles, humanitarios, bondadosos, hermano de los pobres, dulce y enérgico el que recibe con los brazos abiertos a todos entregandoles el amor de Dios por medio de Jesucristo, COMO ECHO DE MENOS A ESOS CURITAS DEL AYER. Los de hoy estan muy distantes y se les ve en los Palcos compartiendo mucho con las Autoridades y los Pudientes pero nosotros miramos desde la galería. DIOS ES AMOR. Para tener voz en el pueblo hay que vivir empapado del ,pueblo para ser vocero con fudamento divino.