Luego de la derrota ante Brasil bajamos al infierno, donde estuvimos 3 días, para volver a la gloria ante Colombia. Estos altibajos son consecuencia de resultados que no están respaldados por un proceso sostenido. Por Rodolfo Schmal
El domingo pasado
el país estaba esperanzado en un triunfo sobre la selección brasileña. Esperanza, como tantas otras veces, frustrada con una contundente e inapelable derrota que nos vuelve a aterrizar. A los pocos días, la otra cara de la medalla:
el triunfo apoteósico ante los colombianos que devuelve el alma al cuerpo.
Este fenómeno cíclico, en el que la esperanza es acompañada de frustración y ésta por la esperanza, es algo que trasciende lo meramente futbolístico.
Sin pretender retroceder mucho en nuestra historia, tan solo
me permitiré recordar los tiempos del innombrable cuando al inicio de su dictadura nos vendió el cuento de convertirnos en una gran nación sobre la base del exterminio de comunistas, humanoides, filocomunistas y demases. En los años de euforia empresarial, a mediados de los 70 se llegó a asegurar que a fines de los 80 tendríamos tantos chilenos por teléfono, por automóvil, por casa, etc. Nos creímos el cuento, por lo que nos endeudamos como nunca y terminamos como siempre: con la recesión del 82 en el que no quedó títere sin cabeza, excepto los buitres que siempre encuentran su puerta de escape.
Esa aterrizada nos volvió a la realidad, la que se prolongó por bastantes años, hasta que nuevamente nos volvimos a entusiasmar. Sumergidos en el olvido las penurias de las esperanzas frustradas, nos volvimos a creer el cuento. Incluso se llegó a decir que llegaríamos al bicentenario de frac, con los pantalones largos, convertidos como tromba en un país desarrollado.
Ya estamos en el 2008 y la gran mayoría continúa pateando piedras.
La analogía con el fútbol salta a la vista: nos creímos el cuento que Brasil ya no era el mismo de antes, que no venía Kaka; y que nosotros estábamos como nunca: con los últimos partidos eliminatorios ganados y con un plantel estelar que incluye figuras actuando en clubes a nivel mundial. Y volados como estábamos, decidimos jugarle al ataque a los brasileros en nuestra cancha. En un dos por tres los brasileros nos hicieron retornar a la realidad. Nuestra estrategia había sido suicida.
A los pocos días, pese a enfrentar a un rival de menor enjundia, Colombia, nuestra estrategia fue mas cautelosa, sin regresar al juego arratonado de antaño. El juego y el resultado nos devolvieron la alegría y la esperanza.
Desgraciadamente, mientras la irregularidad nos caracterice seguiremos presa de la inspiración nuestra o la de los rivales. Y la irregularidad solo la podremos superar el día que entendamos que los resultados, al menos en el mediano y largo plazo, son resultados de procesos, de esfuerzos persistentes, sostenidos.
y
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