Crónica de un Viejo Pascuero...

Don Daniel es un “Bombero del Espíritu de la Navidad”: de manera desinteresada y voluntaria entrega solidariamente su tiempo, recursos y esfuerzo en bien de los demás por las calles de Arica. (FOTOS) Por Rene Oscar Véliz Miranda
Imagen de Rene Oscar Véliz Miranda
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24 de Diciembre, 2008 01:12
A pleno sol del mediodía, cuando el trafago humano hormiguea por las cotidianas calles céntricas de nuestra veraniega ciudad un lejano cántico navideño me sustrae de ese mirar abstracto que acompaña una larga y lata permanencia en la fila.
Pausadamente el singular sonido avanza captando la atención de las resignadas, silenciosas y habituadas personas que me acompañan. Así, lentamente, a través de las vidrieras, vemos transcurrir un conocido ícono transplantado, empujando un carrito de supermercado lleno de figuritas, adornos, luces y música, afuera camina el Viejito Pascuero rumbo a quien sabe donde.
Concluyo la fastidiosa misión de llegar a la caja y entregar el tan escaso circulante proponiéndome sin saber por qué, seguir de cerca la visión que alteró mi planificada rutina de ese momento; Quizás la curiosidad y ese a veces no entender el como se ha desvirtuado y transformado el origen de una fiesta religiosa en algo muy propio y característico de una civilización mercantil y consumista, reflexiono mientras busco un personaje vestido de rojo entre los afanados y asoleados transeúntes que seguramente cotizan y sacan cuentas; alegres o no tantas dependiendo del número de compromisos a cumplir (derechamente y sin eufemismos, a cuántos y cuánto obsequiar).
¡Uff! ¡qué calor! Desandando la búsqueda ante el llamado del tardío almuerzo diviso a lo lejos el motivo de este largo periplo, apuro el paso y, sin mediar sorpresa de su parte, lo abordo expectante.
De silueta esmirriada, ojos claros y barba postiza, tras su roja vestimenta Daniel Leal Mena se allana a mi intrusión y verbaliza lo que muchos ignoramos de su persona y cometido. Como muchos de nosotros es un ariqueño de adopción y permanencia, 40 años por estas nortinas tierras alejado de su natal Paillaco, pueblo campesino de la austral provincia de Valdivia que al mencionarlo da ese brillo nostálgico a sus ojos de los que recuerdan su familia y raíces. 56 años lleva en su cuerpo, aquí en la otrora ciudad del trabajo y las oportunidades conformo su familia junto a una mujer nativa de estos lares. 4 hijos aportó al índice demográfico de nuestra región, oficiándose de Fletero y Colectivero, llevando siempre la impronta de un origen sencillo, noble y campesino.
Recuerda sus días de infancia, de esas navidades plenas de humildad y sentimiento, del chocolate caliente y los confites hogareños, del cómo el cura del pueblo hablaba de un niño llamado Jesús, nacido en Belén al cobijo de un sencillo pesebre, rodeado de pastores y animales tan propios de su mundo rural. Sin duda, algo mágico que atesoró cuando abrió sus ojos a la esforzada vida de quienes tienen que luchar por ella, cuando a pesar de sus cortos años de niño tuvo que poner voluntad y el hombro para sustentar la familia tras la muerte de su padre.
Lo acompaño en una ronda nocturna a través del opaco paseo 21 de Mayo, muchos lo miran sorprendidos con cara de pregunta: ¿Qué venderá?, ¿Qué multitienda anunciará?, ¿Qué de qué? ¿Cuánto cobrará por sus servicios, por una foto junto a el? Los niños se acercan sin timidez y con afecto lo saludan, le cuentan de sus buenas acciones para que él no se olvide de llevar el regalo soñado. Algunos jóvenes también en buena onda se acercan, lo rodean, abrazan y posan para las fotos de sus celulares. Todo, en esa atmósfera que el saber llevar, sonriente, amigable y dispuesto a entregar esa alegría que lo motiva a costear todo sin ánimo de lucro alguno, extraño en estos tiempos en que todos esperamos cobrar por lo que hacemos. Lo extraordinario de ese anónimo personaje es que él cree que su acción es un sano aporte a estas desperfiladas fiestas, la Felicidad de otros es también su Felicidad.
Paseos, plazas y calles recorre desinteresadamente. Algunos le agradecen, los niños le sonríen y los turistas gringos de cruceros veraniegos levantan animosamente sus pulgares: "¡Good Santa!", le dicen. Algunos lo ven, otros ensimismados en sus preocupaciones sólo pasan, a veces lo miramos, también lo ignoramos, es como un pesado recordatorio implantado en Diciembre.
Lo que poco vivió de niño lo cumple con infinita dedicación. Qué importa si debe vestirse de nórdico pascuero, que deba preocuparse de las pilas de sus variados juguetes, de cargar la batería para su equipo de sonido y luces, de tener dispuesto el MP3 con canciones navideñas, de sonreír sinceramente por su genial desvarío... Total, es Navidad y eso es lo verdaderamente importante.
Cansado y feliz retorna plácidamente a su hogar en la Población Campo Verde, dejando su carrito y mensaje en un estacionamiento de calle Blanco Encalada, llevando consigo ese espíritu de niño que no deja de ser generoso a pesar de las vicisitudes de esta complicada vida urbana. Podría decir, esa infancia del alma que no deja de sorprender y sorprenderse y que en algunos al perderla caminan sin retorno a esa vejestud finita, limitante… Así, en aquellos pequeños gestos, fortalece su alegría de vivir y entregar, compartir lo simple y grandioso del verdadero mensaje navideño.
En lo personal, no creo en la actual parafernalia “navideña”, en la estresante y condicionada festividad del consumismo, en el pensar que mientras más dinero gasto, más es mi satisfacción. Que la esperanza, el afecto y el amor se puede envolver en brillantes y coloridos paquetes…
Ahora, a escaso tiempo de la Nochebuena, escribiendo esta nota recuerdo a Don Daniel. Lo he visto algunos días en su recorrido, otras veces no, sin embargo su actitud, su entrega me conmueve y me lleva a reflexionar en que a pesar de que lleva vestimenta profana, invento de la Coca-Cola según dicen, tras su abrigado traje y algodonada barba se esconde un ser humano solidario, un poblador común y corriente como muchos de nosotros y que nos dice que todavía existen quienes son capaces de dar a otro sin pedir nada a cambio, que esta humanidad aún se sostiene en la grandeza de los hechos simples con contenido, que la humilde luz de un nacido en pobre cuna de paja todavía persiste, a pesar de los años y los cambios, pues muchos la llevan en sus actos y en el corazón.

Muy ya de madrugada y volviendo de un desgraciado siniestro que asoló a una familia del populoso Cerro La Cruz, apesadumbrado por las pérdidas de un devastador incendio (con todo lo que eso significa para los afectados), como Bombero y ciudadano termino esto pensando en que este muy especial personaje es también un “Bombero del Espíritu de la Navidad”: de manera desinteresada y voluntaria entrega solidariamente su tiempo, recursos y esfuerzo en bien de los demás, en salvar y proteger al prójimo sin distinción, sin pedir nada a cambio, ni siquiera a veces las gracias…
¡Feliz Navidad Don Daniel!

¡Feliz Navidad a todos aquellos que luchan y se esfuerzan por dejar este mundo mejor que como lo encontraron!
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4 Comentarios

Imagen de Roberto Pelez

Que raro! Porque

Que raro!

Porque "Supervlado" no aparece en la foto con el viejito pascuero?

Imagen de SERGIO VASQUEZ

Desde una perspectiva, un

Desde una perspectiva, un viejo pascuero actual, es como Quijote en la literatura.

...es tan dificil cambiar la base.....el hombre y sus defectos.....pero hay que seguir a los quijotes.

Imagen de Juana la Loca

¡Cueck!

¡Cueck!

Imagen de Jaime Andrés Pérez

Que genial esas personas que

Que genial esas personas que piensan en los demás ..

con ese espiritú de pensar en otras perosnas eso es navidad..

saludos a Don Daniel

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