Esta Nochebuena es una "Malanoche" para los Refutadores de Leyendas
¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Se necesita cierta estatura para creer lo que no es demostrable. Por Oscar Ochoa
Cuenta el periodista Alejandro Dolina que, en Buenos Aires, en el población de Flores, todos conocen la aguda polémica que suele encenderse para esta fecha. Los Refutadores de Leyendas cumplen en estos días horarios especiales y desatan una intensa campaña tratando de esclarecer a los niños la verdadera identidad del Viejo Pascuero y los Reyes Magos.
Reconozcamos que los argumentos suelen ser sólidos. Por ejemplo: a) es improbable que el Viejo Pascuero y los Reyes Magos visiten todas las casas del mundo en una sola noche; b) resulta difícil admitir que pueden acarrear en sus sacos centenares de millones de juguetes; y c) los regalos que aparecen parecen más paternales que reales, sobre todo por el precio.
Los Hombres Sensibles contraatacan subrayando el valor de las ilusiones, las virtudes de la imaginación, y complican la discusión al agregar a la misma al Ratón Pérez (que deja plata debajo de la almohada, si le ponemos un diente de leche), al Conejo que trae Huevos de Pascua, a la capacidad de cumplir deseos que tienen las Estrellas Fugaces.
Esta Nochebuena es una Nochemala para los Refutadores de Leyendas; porque nosotros sabemos que no existe el Viejo Pascuero, pero dudamos. Es, tantas veces, tan estúpida y sin valores esta vida, que necesitamos que esta noche aparezca. Y si realmente no existe estamos dispuestos a inventarlo. ¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? nos pregunta Dolina. Cualquier tonto es capaz de suscribir que existen las cafeteras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para creer lo que no es demostrable y -más aun- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio.
Es triste ser Refutador de Leyendas. La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares, dice Dolina. Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones. Por eso confesamos sin pudor haber escrito nuestras cartitas.
El escritor Manuel Mandeb, Zoran Geert, y muchos otros colocarán su cartita cerca del arbolito esta noche; y, cada 5 de enero, dejan todavía sus zapatos en la ventana a la espera de los Reyes Magos. Mandeb no olvida de ponerlos cada año, sostiene Dolina (que lo conoce bien). Aunque nunca le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las señoras de la población creían notarlo amable y compuesto. Quizá no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes Magos. Ni qué decir al Viejo Pascuero.
FOTO: daroit
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"Las opiniones vertidas en los comentarios son de exclusiva responsabilidad de los ciudadanos que las emiten y no representan necesariamente a El Morrocotudo, medio que sólo actúa como plataforma de expresión democrática . Más detalles en Normas de Uso para Comentarios"
Reconozcamos que los argumentos suelen ser sólidos. Por ejemplo: a) es improbable que el Viejo Pascuero y los Reyes Magos visiten todas las casas del mundo en una sola noche; b) resulta difícil admitir que pueden acarrear en sus sacos centenares de millones de juguetes; y c) los regalos que aparecen parecen más paternales que reales, sobre todo por el precio.
Los Hombres Sensibles contraatacan subrayando el valor de las ilusiones, las virtudes de la imaginación, y complican la discusión al agregar a la misma al Ratón Pérez (que deja plata debajo de la almohada, si le ponemos un diente de leche), al Conejo que trae Huevos de Pascua, a la capacidad de cumplir deseos que tienen las Estrellas Fugaces.
Esta Nochebuena es una Nochemala para los Refutadores de Leyendas; porque nosotros sabemos que no existe el Viejo Pascuero, pero dudamos. Es, tantas veces, tan estúpida y sin valores esta vida, que necesitamos que esta noche aparezca. Y si realmente no existe estamos dispuestos a inventarlo. ¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? nos pregunta Dolina. Cualquier tonto es capaz de suscribir que existen las cafeteras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para creer lo que no es demostrable y -más aun- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio.
Es triste ser Refutador de Leyendas. La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares, dice Dolina. Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones. Por eso confesamos sin pudor haber escrito nuestras cartitas.
El escritor Manuel Mandeb, Zoran Geert, y muchos otros colocarán su cartita cerca del arbolito esta noche; y, cada 5 de enero, dejan todavía sus zapatos en la ventana a la espera de los Reyes Magos. Mandeb no olvida de ponerlos cada año, sostiene Dolina (que lo conoce bien). Aunque nunca le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las señoras de la población creían notarlo amable y compuesto. Quizá no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes Magos. Ni qué decir al Viejo Pascuero.
FOTO: daroit
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La verdad que cuesta
La verdad que cuesta imaginar que los niños de ahora, en el mundo actual, crean que el Viejo viva y tenga su centro de trabajo en el Polo, mas bien deben pensar de que éste está asociado con Falabella, Ripley, Líder u otra tienda del retail.
En todo caso para los que quieran seguir la trayectoria del Viejo Pascuero repartiendo regalos por el mundo, vayan al siguiente sitio: www.noradsanta.org
El secreto de la magia del Viejo Pascuero, creo que está en la imposibilidad que los niños lo puedan ver físicamente, porque al momento que un niño vé al Viejo, de seguro que la idea que tenía de él se estrella con la imperfecta realidad de una persona malamente disfrazada y que a veces ni siquiera concuerda con el estereotipo físico que el imaginario popular le ha dado. Así cuántas veces no hemos visto viejos pascueros por la televisión o en cualquier otra actividad en donde se improvisa a un Viejo. Claro, esto es así... porque la idea siempre va a ser más perfecta que la realidad física, y por eso creo que ahí está el misterio.
Yo no tengo conciencia exacta desde cuándo dejé de creer en el Viejito Pascuero, pero recuerdo una Navidad en que me hice el firme propósito de ver en acción al Viejo. Para esa Navidad había pedido un taca-taca de madera en que uno de los equipos representara a colo-colo. Ese día 24 mi mamá, en una acción muy hábil de ella, nos llevó a mi hermana y a mí a una velada en la Plaza Colón de Arica, frente a la Catedral San Marcos (era una ceremonia propia de la Navidad); pues bien, de vuelta a casa de esta ceremonia, ya era bien de noche, nos encontramos con la sorpresa que el esquivo Viejo Pascuero ya había cumplido con su misión de llevar los regalos, y por lo tanto mi intención de "pillar" al Viejo, ya no podía ser. Lo único que pude hacer fue tratar de encontrar rastros de barro o tierra en los lugares de la casa en donde supuestamente había estado el Viejito Pascuero, pero, obviamente, -en ese entonces me pareció que era lo más científico que podía hacer- no pude encontrar ni rastros ni alguna estela de olor ni nada. Yo seguí creyendo más firmemente aún en el Viejo Pascuero; y solo después de varios años supe que mi papá y mi mamá estratégicamente se habían puesto de acuerdo en esa oportunidad para seguir con la magia y la fantasía del Viejo Pascuero.
Para saber más detalles y secretos del Viejo Pascuero: http://mezaosvaldo.blogspot.com
Felices fiestas y un lindo Año Nuevo...