El apretón de manos
Por el solo hecho de dar la mano ya estamos siendo evaluados Por Oscar Ochoa
Malvin Kristus, en su libro sobre el lenguaje del cuerpo, nos cuenta que la primera impresión que podamos provocar en los demás es decisiva para la forma en que nos van a evaluar y considerar en el futuro.
El apretón de manos no sólo revela innecesariamente rasgos de nuestro carácter, sino que también puede proyectar directamente lo que pensamos sobre esa persona saludada.
Esta técnica utilizó el presidente estadounidense Ronald Reegan durante el primer encuentro con el líder ruso Mikhail Gorbachov, en Ginebra, Suiza, en 1985. Al encontrarse ambos frente a frente, Reegan desconcertó a su oponente al estrechar su mano y antebrazo (costumbre que se utilizaba hace algunos siglos como una forma de mostrar que no existían armas ocultas), imponiendo su personalidad momentáneamente sobre la de él y provocando un gesto de sorpresa (psicológicamente: vulnerabilidad instantánea) que captó inmediatamente la prensa internacional y que interpretó en titulares que sugerían que el presidente Reegan había “dominado” el primer encuentro.
Estrechar el antebrazo se podría interpretar como: “yo te puedo controlar porque, fíjate, estoy violando tu espacio vital y tú me lo permites”.
Kristus da diferentes ejemplos de apretones de mano y su interpretación:
“El pescado frío” es cuando el contacto de las manos es débil, tan delicado que muchos psicólogos los comparan con “apretar un pescado frío”. Denota deficiencias en su personalidad. Falta de entusiasmo, confianza y autoseguridad. Puede también sugerir frialdad e indiferencia, hostilidad y hasta resentimiento.
“El super delicado”, es algo más firme que el anterior, pero aún así sugiere debilidad de carácter y un grado de distanciamiento hacia la otra persona que no se puede superar por algún motivo definido.
“El sandwich” es el que estrecha la mano de la persona, y con la otra cubre el otro lado de la mano. Sugiere condescendencia, bondad. A veces alegría. Deberíamos reservar este saludo para esas oportunidades en que deseamos mostrar calor humano, para dar la bienvenida a alguien en forma especial.
“El rompehuesos”, es ese apretón tan fuerte que duele. Los psicólogos están de acuerdo que es característico de las personas inseguras. Con la violencia del saludo tratan de reafirmar sus presencias y hacer valer sus valores personales, en los cuales ellos mismos no creen.
Fotografía: Vicente Alfonso
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"Las opiniones vertidas en los comentarios son de exclusiva responsabilidad de los ciudadanos que las emiten y no representan necesariamente a El Morrocotudo, medio que sólo actúa como plataforma de expresión democrática . Más detalles en Normas de Uso para Comentarios"
El apretón de manos no sólo revela innecesariamente rasgos de nuestro carácter, sino que también puede proyectar directamente lo que pensamos sobre esa persona saludada.
Esta técnica utilizó el presidente estadounidense Ronald Reegan durante el primer encuentro con el líder ruso Mikhail Gorbachov, en Ginebra, Suiza, en 1985. Al encontrarse ambos frente a frente, Reegan desconcertó a su oponente al estrechar su mano y antebrazo (costumbre que se utilizaba hace algunos siglos como una forma de mostrar que no existían armas ocultas), imponiendo su personalidad momentáneamente sobre la de él y provocando un gesto de sorpresa (psicológicamente: vulnerabilidad instantánea) que captó inmediatamente la prensa internacional y que interpretó en titulares que sugerían que el presidente Reegan había “dominado” el primer encuentro.
Estrechar el antebrazo se podría interpretar como: “yo te puedo controlar porque, fíjate, estoy violando tu espacio vital y tú me lo permites”.
Kristus da diferentes ejemplos de apretones de mano y su interpretación:
“El pescado frío” es cuando el contacto de las manos es débil, tan delicado que muchos psicólogos los comparan con “apretar un pescado frío”. Denota deficiencias en su personalidad. Falta de entusiasmo, confianza y autoseguridad. Puede también sugerir frialdad e indiferencia, hostilidad y hasta resentimiento.
“El super delicado”, es algo más firme que el anterior, pero aún así sugiere debilidad de carácter y un grado de distanciamiento hacia la otra persona que no se puede superar por algún motivo definido.
“El sandwich” es el que estrecha la mano de la persona, y con la otra cubre el otro lado de la mano. Sugiere condescendencia, bondad. A veces alegría. Deberíamos reservar este saludo para esas oportunidades en que deseamos mostrar calor humano, para dar la bienvenida a alguien en forma especial.
“El rompehuesos”, es ese apretón tan fuerte que duele. Los psicólogos están de acuerdo que es característico de las personas inseguras. Con la violencia del saludo tratan de reafirmar sus presencias y hacer valer sus valores personales, en los cuales ellos mismos no creen.
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