Ventajas de una vida caótica

¿"Fractal" qué?... Por Oscar Ochoa
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14 de Febrero, 2009 01:02
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“Obsesionados por el control y cegados por la aparente seguridad de los órdenes cerrados, a menudo los humanos perdemos de vista las posibilidades que nos brinda la ambigüedad y olvidamos la costumbre de hacer preguntas arriesgadas”, nos dicen John Briggs y f. David Peat en el libro “Las siete leyes del caos. Las ventajas de una vida caótica”, que recomiendo leer.
John Briggs es doctor en estética y psicología. Peat es doctor en física por la Universidad de Liverpool. Ellos nos dicen: No debiera sorprendernos que la gran tolerancia frente a la ambigüedad, la ambivalencia y una cierta tendencia a pensar en los contrarios, que son características de los investigadores, sean algo común entre muchas personas creativas de diferentes campos. Para ser creativos, necesitan tener las sensaciones de “saber, pero no saber”, de lo inadecuado, de la incertidumbre, de lo incómodo, de la alegría, del horror, el descontrol y la aceptación de los rasgos metamórficos y no lineales de la realidad y de sus propios procesos mentales; es decir, todas las facetas del caos creativo.
Siguen diciendo: Los modelos de la naturaleza son los modelos del caos. “Fractal” es el nombre dado por los científicos a los modelos que vemos en el cielo, que sentimos en la tierra y que encontramos en las venas y nervios de nuestros cuerpos. La palabra, acuñada por el matemático Mandelbrot, tiene un amplio uso en la teoría del caos, donde los fractales hacen referencia a las huellas, las pistas, las marcas y las formas realizadas por la acción de sistemas dinámicos caóticos. La ilustración clásica de una fractal es una línea costera.
Explico mejor: Cuando un automóvil se avería, abrimos el capó y miramos el motor en busca de alguna parte defectuosa. Este método funciona perfectamente (para el automóvil). Una correa rota o falta de gasolina resultan como responsables de la pérdida de unidad del vehículo. Pero las familias, las sociedades, los sistemas ecológicos, no son máquinas. La teoría del caos nos enseña que siempre somos parte del problema y que las tensiones particulares y las dislocaciones siempre se desarrollan a partir de todo el sistema, nunca de una “parte” defectuosa. Ejemplo: Recientemente, los trastornos maníaco–depresivos han suscitado una considerable atención. Se piensa que hay millones de personas afectadas que se tratan con medicamentos. Pero si dichos trastornos aumentan cada vez más en la población, ¿no deberíamos examinar atentamente la sociedad en la que se produce esta epidemia?, preguntan los autores.
Fotografía: Tom Magliery
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