Domingo 13: Día de esperanza y fiesta en la parroquia El Carmen
El domingo fue un día de fiesta en nuestro país. Fiesta de la democracia, fiesta del respeto y valoración de la diversidad, fiesta de la voz del pueblo que habló, y bastante claro. Por Orlando Contreras sj.
El domingo fue un día de fiesta en nuestro país. Fiesta de la democracia, fiesta del respeto y valoración de la diversidad, fiesta de la voz del pueblo que habló, y bastante claro, sobre lo que desea de los gobernantes y legisladores de nuestra patria en vísperas del bicentenario.
El domingo fue un día sacramental. El silencio de la mañana era un silencio sagrado, silencio de reflexión, pues entramos en contacto con nuestra conciencia que es el núcleo más sagrado del ser humano y en el nos encontramos a solas con Dios. Fue en ese espacio que cada uno de nosotros decidió su voto. Voto que alegró a unos y a otros entristeció. Voto que dejó en evidencia la injusticia del sistema político porque Salvador Urrutia sacando más voto que Fulvio Rossi quedo fuera del senado.
El domingo fue un día de esperanza y de fiesta en la parroquia El Carmen. Seis jóvenes-adultos fueron bautizados y participaron plenamente en la Eucaristía. La fiesta de estos hermanos comenzó un par de meses atrás. Todos ellos, hace ocho meses atrás, andaban perdidos por la vida y estaban botados en la calle. Atrapados por la droga vivian angustiados y, cada día, buscando como conseguirla. Para ello no dudaban en robar a sus propios parientes con tal de tener el dinero para conseguir la droga. Sus familias vivían en la angustia y desesperación viéndolos como se destruían y de paso los destruían a ellos.
Algo importante y significativo sucedió que estos jóvenes-adultos entraron dentro de sí y escucharon la voz de la conciencia que les decía: “haz el bien y evita el mal” “busca y pide ayuda” “¡Basta de una vida así!”. Dejándose guiar por lo más sagrado de si, llegaron a un lugar de esperanza y de vida: El Hogar Terapéutico Padre Hurtado del Hogar de Cristo.
Allí encontraron una mano amiga, un espacio para llorar sin que nadie se burlara de ellos, un lugar donde podían expresar todo el dolor acumulado y ser consolados, el espacio donde pudieron mirarse a la cara y decirse a si mismo: ¡puta que la he c…! ¡soy el principal responsable de lo que he hecho con mi vida! ¡cuánta paciencia me han tenido! ¡quiero y deseo reparar el dolor causado! El encuentro consigo mismo, los llevo, en un momento dado, a escuchar la voz y el llamado de Dios que le decía: ¡Yo te amo! ¡Siempre te he amado!¡Siempre he estado a tu lado! Esta experiencia fue la que los hizo exclamar: “¡Quiero bautizarme! ¡Quiero conocer al Dios de Jesucristo! ¡Quiero ser parte de la Iglesia! Esto fue lo que vimos y disfrutamos el domingo recién pasado en la misa de la noche. Los rostros más expresivos en esperanza y alegría era el de sus familiares que veían el cambio y que sentían el renacer de sus vidas.
El domingo, en Santiago, fue un día de alegría para un hombre ya anciano, débil y frágil: el P. Chago Marshall –fundador del Hogar Terapeútico-. Él celebró 50 años de sacerdocio. Sus días los pasa sentado en una silla de rueda contemplando un jardín. En momentos con algo de lucidez y las más de las veces ido. Pero cuando le mencionan a “sus bestias” –así llama a los jóvenes que llegan al Hogar Terapeútico buscando la rehabilitación- sus ojos y su cara se llenan de alegría.
El domingo fue de fiesta y de la alegría de Dios “que esta en medio de ti como un guerrero victorioso. Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta” (Sofonias 3,18).
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