De la violencia a la lógica del amor

Desde la encarnación del Hijo de Dios estamos invitados a vivir el amor radicalmente como donación y entrega por los demás. Esta nueva lógica es la que estamos llamados a encarnar en nuestra propia realidad. Por Orlando Contreras sj.
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28 de Diciembre, 2009 00:12
Así por ejemplo, en estos días, hemos sabido del pequeño Daniel Maldonado que murió producto de una golpiza que le dio su padrastro porque lloraba mucho. La madre del niño se hizo cómplice del hecho pues no lo llevó a tiempo a la posta para ser atendido.
Desde Valparaíso nos llegan noticias e imágenes de incendios forestales que habrían sido causados intencionalmente por un menor. Los daños son cuantiosos en pérdidas de terrenos y en daños a cientos de familias afectadas por el fuego.
Desde Irlanda se nos informa que los obispos James Moriarty y Donal Murray presentaron su dimisión al Papa Benedicto XVI. La renuncia es consecuencia del informe que reveló la actitud que tuvieron estos obispos ante los abusos sexuales que varios miembros de la Iglesia Católica realizaron, a lo largo de 30 años, en contra de menores. Por sobre el dolor de las víctimas y la protección de los mismos, los obispos pusieron en primer lugar la reputación de la Iglesia y se limitaron a trasladar a los sacerdotes de una parroquia a otra. Los obispos mencionados se suman a los obispos Eamonn Walsh y Raymond Field quienes también presentaron su dimisión.
Estos, y otros hechos, nos muestran cual es la lógica en la que nos movemos los seres humanos: la mentira, la maldad, el egoísmo, la intolerancia, el daño, etc.
En medio de estos hechos dolorosos y de esta lógica, la Navidad nos recuerda un gran acontecimiento: Dios se hace uno de nosotros entrando en la historia humana. De esta manera “el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz” (Isaías 9,1ss)
El Evangelio de nochebuena nos decía: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2,1-14)
De esta forma Dios rompe la lógica de la violencia, del odio, de la maldad, de la mentira y del encubrimiento. Y lo hace por medio del amor, de la solidaridad, de la sencillez, de todo aquello que nos habla la imagen de un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Desde la encarnación del Hijo de Dios estamos invitados a vivir el amor radicalmente como donación y entrega por los demás. Esta nueva lógica es la que estamos llamados a encarnar en nuestra propia realidad.
Fotografía: Berta Villanueva

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