Haitianos; esta vez esclavos de la naturaleza
Pese a ser el segundo país americano en lograr su independencia, por diversos motivos, no han logrado estabilidad política, social y económica. Por Verónica Grunewald
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Escrito por Veronica Grunewald
Hace solo unos días Haití ocupó nuevamente las primeras planas de los principales medios informativos en el mundo. Esta vez, un terremoto que deja un número aún desconocido de muertos, aunque algunos medios señalan una cifra cercana a los 100 mil fallecidos. El país caribeño, devastado desde antes por la pobreza, el hambre, huracanes, los sucesivos errores político administrativos, ha colapsado. Organismos como la Cruz Roja señalan que los cadáveres se amontonan en las calles mezclados con los escombros de las casas y edificios destruidos. En este escenario deambulan los heridos clamando por ayuda, enajenados frente a tanto dolor y desesperación.
Con poco más de 9 millones de habitantes, Haití es el país más pobre de América. El 70% de la población vive con menos de US$2 por día, situándose en el lugar 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano. El 53% de la población está alfabetizada y la esperanza de vida no supera los 60 años. La mitad de la población urbana no tiene acceso al agua potable.
Pese a ser el segundo país americano en declarar su independencia en 1804, desde sus inicios no logró la estabilidad. Las razones históricas podrían estar entre la falta de reconocimiento de la nueva república por parte de Francia, país que exigió una indemnización por las pérdidas ocasionadas por la Colonia al proclamar su independencia, la posterior ocupación por parte de Estados Unidos de Norteamérica, potencia que, amparándose en la inestabilidad política de La Española, puso tropas en la isla por casi veinte años, para apoyar por otros treinta la corrupción y el saqueo por parte de la dinastía Duvalier. Sin embargo, a estos períodos se suman otros con presidentes civiles y militares que, en conjunto, transformaron a Haití en el país que conocemos como símbolo de la pobreza y la tragedia.
Desde 2004, producto de la crisis política y social, se instaló una misión de paz de la ONU junto con la instauración de un gobierno interino. El gasto anual de mantención de esta misión de la ONU es cercano a los 600 millones de dólares. La deuda externa de Haití en 2005 era de US$1.300 millones para llegar en 2008 a los US$1.600 millones, esto a pesar de que la mayoría de los sucesivos gobiernos de ese país no dejó de pagar la deuda.
La tragedia reciente ya ha sido cuantificada por el Banco Mundial el que señala que el PIB caerá en un 15% y compromete la donación de 100 millones de dólares, mientras determina por su cuenta el destino de la ayuda al señalar que “se podrían canalizar en proyectos que el BM ya tiene en Haití”. El FMI y el gobierno de Barack Obama también han comprometido en suma, 200 millones de dólares “de forma inmediata” para “apoyar los esfuerzos de asistencia humanitaria. La entidad coordinadora entre el BID y el FMI es el Banco Mundial, el que proporcionará una lista de expertos para nuevamente “cuantificar” las pérdidas y planear la reconstrucción.
Los organismos internacionales han puesto sus condiciones, mientras el pueblo haitiano aumenta una deuda por aportes que no son enfocados en las reales necesidades de la población. Una deuda que los mantiene esclavos todavía.
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