Terremoto cuaresmal: Y tú, ¿has hecho el bien al más necesitado?
Hasta hace un par de días, los chilenos llevábamos a cabo nuestra vida normalmente hasta que vino el terremoto con toda la brutalidad de su fuerza devastadora y todo aquello en lo que habíamos puesto nuestra fe. Por Héctor Vargas Bastidas sdb
Hasta hace un par de días atrás, los chilenos llevábamos a cabo nuestra vida normalmente. Muchos aún en vacaciones, otros en carnavales, un alto porcentaje viviendo de todo el espectáculo, farándula y frivolidad del Festival de Viña, un porcentaje no menor viviendo el carrete del verano al máximo, en donde a veces no faltan los excesos en el trago, la droga y el sexo… es que somos “modernos” y “progresistas”.
Autoridades y empresarios, dedicados al tema de los equilibrios macroeconómicos, planificando nuevas inversiones, proclamando en alta voz los altos niveles de logro de Chile en lo financiero y creación de riqueza. Por otra parte, orgullosos del crecimiento y alto estándar en infraestructura inmobiliaria y vial.
El mundo político sumergido en la tentación de dividirnos irremediablemente entre gobierno y oposición, entre izquierdas y derechas… Y en este contexto, ¿a quién le podría importar la “cuaresma”?...¿cuántos se acordaron que ya pasó el miércoles de ceniza?...¿hacer penitencia?..¿ayuno?...¿orar con la Palabra de Dios?...¿convertirse?...hacer el bien al necesitado?.
Hasta que vino el terremoto con toda la brutalidad de su fuerza devastadora y todo aquello en lo que habíamos puesto nuestra confianza, nuestra fe, nuestras esperanzas, orgullo, soberbia y vanidad, desapareció, se vino abajo, quedó reducido a escombros...Y aterrizamos. Parece que después de todo seguimos siendo mortales que nos necesitamos extremadamente unos a otros, que la familia, su unidad, amor y supervivencia es un valor insustituible, que todo lo material se repone pero no la vida, y que ésta no tiene precio. Que la solidaridad ya llevamos inscrita en el corazón y en la conciencia que aún vivimos en un país con mucha pobreza, miseria maquillada que ahora ésta sale a relucir en toda su real dimensión; que la desigualdad sigue siendo dolorosa, que las víctimas una vez más son los pobres que el sistema público de atención continúa siendo muy deficiente en infraestructura, medios, calidad y capacidad. Que sabiendo de siglos que vivimos en un país altamente sísmico, aún no entendemos lo que eso significa a la hora de decidir en dónde vivir, cómo construir y las precauciones a tomar.
En este tiempo de la cuaresma, que por las circunstancias que vivimos todos, el Señor nos concede un tiempo de gracia, especial, para evaluar a fondo nuestra vida, actitudes, estilos, formas de pensar y actuar, con la finalidad de crecer en humanidad, de ser plenamente personas, de poner toda nuestra confianza en las cosas no son de este mundo, en lo que vive para siempre, en lo que genera eternidad, en lo único que es trascendente, en lo que nunca echará abajo un terremoto. Sólo desde la fe, la esperanza y el amor del Dios de la vida, es posible reconstruir primero los corazones, la verdadera alma de Chile. Y desde allí, desde las virtudes y valores que caracterizan a un auténtico ser humano, levantar Chile, construir primero una sociedad nueva. Esta es una hermosa conversión cuaresmal que puede llevarnos a la vida nueva que nos trae Cristo con su próxima Pascua de Resurrección.
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