¿Somos realmente solidarios los chilenos?
27 horas de ayuda a los que lo necesitan, sean a través de “Teletones” o “Chile ayuda a Chile”, comparado con casi 363 días de ignorarlos y olvidarlos, se parece más a una caridad, que es más bien circunstancial. Por Rodrigo Pino
El terremoto del 27 de febrero no sólo ha dejado un desolador balance debido a la pérdida de vidas humanas materiales y económicas, sino que ha operado, y continuará haciéndolo, como un verdadero scanner de la sociedad y cultura chilena.
Nunca una catástrofe en el país había desnudado y transparentado el alma y el espíritu nacional, confrontando lo que decimos que somos y hacemos con lo que hacemos y somos en la realidad. Conocer el verdadero ethos nacional en su bicentenario representa la posibilidad de reconocernos y de construirnos para que las mañanas sean más auténticas y distintas.
Más allá de plantear y analizar las endémicas y resabidas incompetencias, inoperancias y desidias gubernamentales, institucionales y políticas en la administración del Estado, propongo que lo observemos en otros niveles, que es en donde germinan y se reproducen esos males, para obtener algunas visiones distintas sobre nosotros mismos.
Si comparamos hoy, a partir de la catástrofe, y de manera auténtica lo que decimos que somos y lo que hacemos, emerge de manera natural la contradicción y la inconsistencia. Se trata de no intentar forzarla a través de densos análisis sociológicos, sicológicos o antropológicos sino que sólo observar con un pequeño ojo crítico. Demos ejemplos para comparar algunas inconsistencias.
Se encuentra en el imaginario colectivo nacional que somos culturalmente solidarios, es decir que compartimos valores de cohesión social a través de la empatía, sobre todo para que los más desposeídos transformen de fondo su realidad, supuesta característica nuestra de la cual nos sentimos, o deberíamos, sentirnos orgullosos. Pero 27 horas de ayuda a los que lo necesitan, sean a través de “Teletones” o “Chile ayuda a Chile”, comparado con casi 363 días de ignorarlos y olvidarlos, se parece más a una caridad o limosna, que es circunstancial porque ayudo sólo en un momento tal vez influenciado por la emoción, que a una verdadera actitud de vida.
Así entonces, tenemos una confusión conceptual y filosófica ya que la solidaridad es permanente y cotidiana, sin lagunas, en todo momento y en todo contexto. ¿Podremos asumirnos como solidarios si es que frente a una catástrofe como un terremoto, por ejemplo, se especula con la necesidad de satisfacer el hambre, la sed o el transporte y horas después entrego un monto de dinero para tratar de ayudar a aquellos de los cuales me he lucrado?. Eso es una esquizofrenia social más que actos solidarios.
Otro ejemplo que nos permite saber si en realidad somos lo que decimos es cuando abusamos de la confianza y buena fe de la gente, al amparo de que el otro no sabe, cuando en el acto de compra-venta subyace el engaño, que puede ser más sutil y menos visible pero no menos censurable, como por ejemplo si construimos casas o edificios con materiales inadecuados o no respetando las normas de construcción y exponemos a inmensos riesgos a las personas que ignoran esa realidad hasta que se genera un evento que desnuda el engaño.
Otra forma, y que puede ser más chocante porque es visible y evidente pero no más grave que lo anterior, cuando en la desgracia colectiva, esta es agudizada a través de violentas acciones, tanto de forma como de fondo, que pueden ser como por ejemplo, el pillaje en una casa o un supermercado lo que impide que la gente en la desgracia tienda a ayudarse y cooperar para tratar de mitigar la desgracia. Más bien lo que se produce con esas acciones es que se genera una desconfianza contra todo emergiendo la figura del enemigo por lo que está dispuesto a llegar a extremos desconocidos.
Tampoco es un acto solidario si es que alguien como empresario realiza un aporte o donación, como se vio en el “Chile ayuda a Chile”, si la mitad de ese dinero en realidad se deduce de los impuestos, es decir que la mitad del aporte realmente son impuestos que el Estado recaudaría de todas formas para invertir, justamente y preferentemente, en aquellos grupos más desposeídos. Esta actitud extraña de solidaridad se agrava si, además, el donante se ahorra la publicidad, cosa que de otra forma tendría que invertir obligadamente.
Serán solidarios los distintos medios de comunicación que teniendo siempre la posibilidad de ser agentes educadores y transformadores sociales hoy sólo son espacios de comunicación banal de aquello que realmente no importa, usufructuando de la ignorancia y desgracia de la gente, para después, en un evento como una catástrofe, mostrar el sufrimiento y el drama humano, con el agravante de obtener beneficios de aquello.
En síntesis y sólo a partir de una revisión de un concepto y de los supuestos que lo acompañan, se puede reflexionar que un evento natural puede develar y desnudar, como un verdadero scanner cultural, el verdadero mundo social, relevando, además, complejos procesos políticos, históricos y sociales que subyacen o no son posibles de observar en la cotidianidad, tal como ha sucedido con el terremoto y tsunami que ha expuesto de manera crítica y cruda el alma nacional.
Sus contradicciones e inconsistencias que nos sitúan en el mundo real de lo que somos y no de lo que decimos que somos. Ya nos es posible tratar de ocultar lo que somos sino que lo mejor que podemos hacer es aceptarla y asumirla para poder tener la posibilidad de transformarla. De otra forma este bicentenario será la conmemoración de la institucionalización de la soberbia y la falsa solidaridad, fracturando aún más esa endémica desconfianza hacia los otros, por lo que sólo podemos esperar lo que decía Nietzsche, el eterno retorno de lo mismo.
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Don Rodrigo: Felicitarlo,
Don Rodrigo: Felicitarlo, ese es mi comentario, en realidad hay pocas personas que entienden que no es lo mismo Solidaridad que Caridad o limosna que es lo mismo.
No es lo mismo un show televisivo una vez al año que cada dia preocuparnos de mejorar la calidad de vida de las personas.
Ver y escuchar lo que nos dice Victor Diaz desde Iloca, sobre la Educacion. Un niño de 8 años, sabe mas que un MInistro de Educacion?. La EDUCACION EN CHILE ES MALA.
Enseñale a pescar, no le regales los pescados.
Gracias por hacernos refleccionar
lo felicito. yo creo no
lo felicito. yo creo no somos solidarios. el solidario da su ayuda sin publicarla de forma anonima y lo hace a diario.
este evento vino a mostrar la gran mentira del pais desarrollado y a la vez lleno de desposeidos que quieren ocultar. hasta cuando tanta mentira. y hasta cuando tanto individualismo y falta de solidaridad.