La Suscitación... crónica de estos días

Desde los eventos del 27 de Febrero, el Sacerdote Ricardo Andrée ha escrito una serie de artículos que hoy publicamos con esta primera crónica y con el cual llamamos a reflexionar con apertura y espíritu. Angélica Aguirre Falcón
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16 de Marzo, 2010 23:03

Virtud y Miseria
Después de más de dos semana del terremoto recibo comunicación de nuestra hermana encargada del Círculo de Sabiduría en Concepción, María Eugenia Manzano. Cuenta de otra componente del Círculo de estudio cuya familia es propietaria de un centro comercial, el cual fue saqueado con alevosía, y nos da testimonio de las noches sin dormir, no por las réplicas del sismo, sino por temor a las hordas que amenazantes rodean y enseñan las garras a las puertas de su barrio.
De día las mujeres hacen guardia y mantienen la comunidad activa y protegida, de noche vigilan los varones; no tienen agua, y organizadamente sacan el elemento del río. Por seis días estuvieron sin comunicación. Solamente con la llegada de los militares debido al toque de queda decretado tardíamente por el gobierno, la población ha logrado algún grado de apoyo pero, nos dice nuestra hermana, no apenas los funcionarios armados se retiran vuelven los pillajes y las amenazas. Ella vio desde su casa como destrozaban el supermercado que queda enfrente a su sector: se llevaban de todo, y no era precisamente alimento, y cuando ya no quedaba nada seguían avasallando los restos del lugar.
Me escribe un amigo de Concepción algo que ha llamado mucho la atención de todos: los vándalos están organizados, tienen sus líderes, llegan a los saqueos con vehículos, y ya todos saben de qué barrios de Coronel y Lota, y de Chiguayante, bajan en ningún caso en forma desordenada, sino que en bandas bien estructuradas y ahora identificadas. La pregunta que ronda entre los afectados por estos hechos es ¿por qué el gobierno no ataca el problema de raíz y descabeza estas pandillas…? Que ahora aparecen vendiendo todo tipo de productos en forma descarada y burlona…
Escuchamos de la misma presidente Bachelet que "debemos comprender la necesidad de la gente que los hace actuar de esta manera…" y en ese tono los personeros gubernamentales justifican los pillajes y la delincuencia bajo una mal entendida "sensibilidad social".
Esta forma de ver la realidad parte de una base dicotómica de desprecio y paternalismo: se menosprecia a la gente pobre al asimilarlos a las hordas miserables y no considerarlos como personas capaces de organización positiva y responsable; y se les trata con la misma mentalidad asistencialista que ha llevado a un letargo oportunista de estas capas más desprotegidas, siempre esperando que se les dé, y nunca siendo capacitados para que logren por sí mismos la superación de su estado.
Esta falla del paternalismo socialista ha compenetrado fuerte en la gente, al punto de sentir que es su derecho el que se les entregue apoyo, beneficios y subvenciones sin que deban organizarse para sustentar su propio progreso. En los barrios de la gente pobre se ha establecido una orgánica: la red del narcotráfico. Y eso explica el tipo de organización y liderazgo que se ha constatado en los escandalosos episodios de guerrilla delincuencial.
Recibimos testimonio de Talcahuano, y de Chillán, en donde estos mismos pobres se han organizado para alimentarse, mantener el orden y repartir la ayuda. ¿Ser pobres justifica el pillaje? Nada de eso. Aseverar que es ‘comprensible la desesperación que conlleva a estos actos es distorsión, es irrealidad, es complicidad con la aberración. Aún más, la gente honesta de entre los pobres son prisioneros de estas bandas, en sus mismos barrios. Por lo mismo, envolver a todos bajo la representación de las hordas es, además de injusto, una afrenta a la decencia de la gran mayoría de las personas de trabajo que habitan en estas franjas de pobreza.
El barrio de nuestra hermana María Eugenia no es de ricos, sino de trabajadores, pero ante los desquiciados ojos de estos demonios son ‘potentados’ que deben ser castigados por vivir mejor que ellos.
En su simplicidad y sabiduría la madre de María Eugenia, una mujer de ochenta años, dice que en Concepción se está viviendo una lucha entre Dios y el demonio. En su desnudez esta certeza es tan descarnada como verdadera. Los malos han sido malos desde siempre, y ahora sienten que ha llegado su hora; los buenos, aunque pobres, o ricos, se han volcado a la comunidad, la solidaridad y el mutuo apoyo. Porque escuchamos en la radio, esos días aciagos de los primeros asaltos en Concepción, a los comerciantes de la calle Freire que armados esperaban que vinieran a saquear sus propiedades para, declaraban: ¡Matarlos… los vamos a matar a todos! Y ya pasado una semana escuchamos a otros comerciantes que dicen que ya nunca más Concepción será la misma, porque ellos quieren venganza, y que ya saben de dónde vienen los grupos de pillos, y que nunca más podrán confiar en cierta gente, de sectores bien identificados. Es decir, no por ser rico o con algún grado de comodidad se es persona justa y de paz. Tanto es condenable aquello que ahora vemos, como lo sería la venganza y grupos para-militares matando delincuentes o barriendo sectores pobres por retaliación.
Se requiere aquí una política de Estado que ponga orden en justicia: y eso ha fallado bajo este gobierno, el cual ha demostrado lentitud, falta de personalidad en la toma de decisiones y desorden en los primeros manejos de la crisis. Ha sido este gobierno víctima de sus propia visión proteccionista y asistencialista, que puede funcionar por un tiempo y mientras no exista algo excepcional, pero ante una desestructura como la vivida ahora... simplemente demuestra toda su fragilidad y mentira.
Y el gran fracaso, aunque se escondan detrás de sus prédicas y su buen comportamiento de caridad, es el de las iglesias tradicionales que nunca han preparado de verdad la real espiritualidad de sus componentes. A las horas del terremoto escuchamos por la radio de un auto algunas emisoras, y fuerte fue mi impresión al oír a un pastor evangélico recitar pasajes de la Biblia sobre temas que parecían desconectados de la realidad, como si nada hubiese golpeado a nuestras conciencias y ninguna pregunta se agolpara en nuestra fe… Y días más tarde llega un mensaje diplomático del papa que lee con voz santurrona el arzobispo de Santiago, y de verdad nos queda una amarga sensación de formalismo insensible que no alcanza a entender el drama humano que se ha desatado en el interior de muchos hombres y mujeres de fe en este país.
Las religiones oficiales y tradicionales no tienen respuestas ante estos eventos, y quedan petrificadas en sus inercias solidarias sin nunca llegar al corazón de los misterios que encierran estos hechos. Hemos sido testigos de cómo la fe de personas no cristianas ha tenido mayor impacto en sus actos y decisiones que la creencia de muchos cristianos formales.
Y esto nos lanza nuevamente al terreno personal: no se trata de religión o iglesia… sobre todo en momentos de tribulación y suscitación se afina un lazo comunicante entre la fe de la persona y el Dios que Es, sin importar el andamio que cubre la verdad interior.
Y esta realidad que hemos constatado nos reafirma en nuestra Vía de Consagración y Sabiduría: solamente la fe interior, la realidad espiritual, la vivencia de la virtud y la verdad que nos habita son determinantes cuando el mundo, en cuanto estructura de ilusión que encubre la realidad del Espíritu, cae, se remece y demuestra su efímera consistencia.
No hay religión, ni pertenencia eclesiástica que sirva y salve cuando el entorno se despedaza: solamente la fortaleza interior basada en la Relación Personal, Espiritual, con el Dios que Es. Esta es la única verdad que nos sostiene cuando la seguridad de lo mundano no soporta la realidad cambiante de la Creación.
La miseria humana no tiene clase social: es miseria y punto. La virtud humana no hace privilegio de clases, se halla en todo ser de buena voluntad y de bondad. Y esa es la primera gran diferenciación que debemos entender y aceptar.
La fe formal que nos hace depender del pastor, la iglesia y los deberes no funciona y se paraliza en su inconducente estructura de dependencias cuando los eventos de la naturaleza y del cosmos nos golpean, como nos seguirán estremeciendo y continuarán a golpearnos. Solamente la fe cultivada en la Oración, la meditación y la relación Personal constante con el Dios Vivo nos permiten fomentar nuestro Espíritu, y es éste quien nos sostiene y nos regirá cuando nada soporte los escozores de la Tribulación. Porque debemos ser claros: esto no se detendrá, no acaba aquí.
La cadena de inundaciones, sequía, nevazones, terremotos, maremotos, tornados y aluviones, vientos huracanados… y eventos cósmicos (que están por venir)… no darán respiro a este mundo y a esta generación nuestra. Y en medio de este hilo que nunca se rompe los Hombres malos serán más malos que nunca antes, y los Hombres virtuosos ejercerán liderazgo con su empeño de bondad. En medio quedará una masa grande de personas egoístas, individualistas, que acumularán solamente para ellos, y sufrirán por cada cosa perdida, y no reconocerán sino sus propios beneficios, y buscarán solamente su buen pasar a como dé lugar.
Tiene razón la anciana madre de María Eugenia: Dios y el demonio luchan en Concepción… pero en realidad hay fuerzas espirituales en lucha que se manifiestan en los Hombres… esto no se trata solamente de un terremoto en un país sísmico, y pasado este evento no todo volverá a su rutina, pues de hace ya tiempo que toda rutina cadenciosa se ha roto en este mundo. Debemos entender y asumir: estamos en Tiempos de Tribulación y el mundo está Cambiando, y la gran frontera humana se ha establecido tangible y profunda entre La Virtud y La Miseria.
Fotografía: http://www.boston.com/bigpicture/2010/03/chile_nine_days_later.html

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