Si te la perdiste, revisa aquí la Homilía Te Deum celebrada por la fundación de San Marcos de Arica
En la oportunidad el obispo de Arica Héctor Vargas destacó que "desde que somos región hemos obtenido un Gobierno regional con autoridades mucho más presentes, cercanas y directamente involucradas en los temas. Por René Sepúlveda
Estimadas Autoridades Regionales y Provinciales. Sres. Parlamentarios. Sr. Alcalde y Concejo de la Ilustre Municipalidad de Arica. Miembros del Poder Judicial, de las Fuerzas Armadas y de Orden. Sres. Cónsules de Países amigos. Representantes de organizaciones gremiales, comunales, de voluntariados y educacionales. De un modo especial, deseamos saludar también esta mañana a una numerosa delegación de Tacna, que presididos por sus Autoridades, han llegado hasta Arica portando una valiosa ayuda para nuestros hermanos del sur, que sufren las consecuencias del terremoto. Agradecemos de corazón esta hermosa iniciativa, organización y solidaridad de la población tacneña para con nuestra Patria, que nos emociona y llena de grandes esperanzas. Queridos hermanos y hermanas todos en el Señor.
En el año del Señor de 1541, en la Fiesta del Evangelista Marcos y con la celebración de la Santa Misa, nacía en este lugar la ciudad de Arica, y con ella la presencia formal de la Iglesia. De este modo, y por casi cinco siglos, la Iglesia se ha hecho compañera de ruta, esforzándose en servir por medio de su misión evangelizadora y de promoción humana, a esta tierra y su gente, compartiendo sus alegrías y dolores, sus angustias y esperanzas.
Esta mañana, queremos dar gracias a Dios y exclamar ¡Te Deum Laudamus!, porque hace poco nos convertimos en nueva Región administrativa del País, y con ello hemos obtenido más descentralización. Un Gobierno regional con autoridades mucho más presentes, cercanas y directamente involucradas en los temas del presente y del futuro; mayor autonomía para decidir nuestro futuro, una gestión directa y más eficiente a la hora de generar soluciones, la instalación de numerosos servicios y equipos que buscan dar respuesta a muchas demandas para el desarrollo, como asimismo, una cantidad de recursos económicos públicos que no veíamos desde hacía años. Ello se ha traducido un importante estímulo a la inversión, en infraestructura y servicios, en un notable crecimiento en vivienda, y al financiamiento de diversidad de proyectos a favor de Arica y su gente. A ello debemos sumar valiosos esfuerzos por abrirnos a las posibilidades de desarrollo en una macro región andina, y los gestos a favor de la integración y la fraternidad con nuestros hermanos de países vecinos.
Asimismo damos gracias por un Municipio que junto con esforzarse por atender innumerables necesidades muy concretas de la gente, lucha por extender redes solidarias, procurar mejor salud y educación, mejorar la calidad de vida en nuestros barrios, potenciar el progreso y la promoción de la comuna, y levantar proyectos como el Parque acuático, que hagan de la ciudad de San Marcos un espacio más humano, habitable y hermoso para todos. Por eso Te Deum Laudamus!
A lo anterior, debemos sumar la iniciativa e inversión privada, pequeña, mediana y grande en el turismo, la educación, la industria, el comercio y los servicios, que no solo genera desarrollo, bienestar, y un importante porcentaje del empleo, sino que desde sus gremios y organizaciones que la representan, promueve investigación, reflexión, levanta propuestas, y busca proponer soluciones en favor del desarrollo de la comuna y provincia. Sus inversiones y proyectos mueven de una manera importante la vida ariqueña.
Finalmente, cómo no dar gracias a Dios por una ciudadanía que no se cansa de generar por su cuenta, incontables gremios, organizaciones y voluntariados, que se la juegan por servir a los hombres y mujeres de esta tierra. Por todo esto, Te Deum Laudamus, Te Dominus confitemur…A Ti , oh Dios te alabamos, a Ti como único Señor te reconocemos….
Desafíos:
Lo ya expresado, nos invita también a revisar con mucha seriedad aquello, que no obstante los logros, nos han impedido dar pasos aún más significativos en nuestro caminar ariqueño. Es por ello que con mucha sencillez, desde los valores que inspiran la conciencia cristiana, y motivados sólo por el amor a nuestra ciudad, deseamos ofrecer a consideración algunos desafíos:
Debemos hacer un esfuerzo importante para fortalecer en nuestra ciudad la cultura de la honestidad y de la transparencia. La sospecha de posibles situaciones de corrupción se ha venido instalando lamentablemente en la ciudadanía. En ello se juega la credibilidad de las instituciones, y en modo especial la confianza de la población en el manejo de la gestión pública y en la administración de los recursos que siempre son insuficientes, que pertenecen a todos los ciudadanos, y que están destinados al desarrollo de la ciudad, a la promoción integral de la población, especialmente de los más pobres. La gente tiene derecho a exigirnos estatura moral, a cuantos ejercemos algún tipo de responsabilidad y liderazgo.
Es necesario también instalar en nuestros corazones, en las más variadas interacciones y en el ambiente local, un clima de auténtica amistad cívica. Hemos vivido etapas de confrontación y desencuentro, en donde han primado las desconfianzas y los intereses personales, sectoriales o ideológicos. En donde a veces, la descalificación, el juicio fácil y público, y actitudes excluyentes, nos ha impedido buscar juntos la verdad y construir ante todo el bien común. En donde, en ocasiones, la división y el desprestigio del que piensa distinto, la manipulación del poder, o la tentación de protagonismos aislados, han terminado minando la fuerza y restando credibilidad a nuestras grandes y sentidas demandas como ciudad y región, entre nosotros, ante el Gobierno, el Estado y el resto del País. En todo esto hemos perdido tiempo, recursos, capital humano y posibilidades valiosas.
Por otra parte constatamos signos de estancamiento y pobreza: necesitamos la llegada de nuevas inversiones, mayores fuentes de trabajo que pongan fin al crónico nivel de desempleo, y evitar el creciente despoblamiento que sólo caracteriza a nuestra Región; políticas de Estado que desde una visión geopolítica y de integración con las naciones vecinas, estimulen y fortalezcan el desarrollo; un eficiente combate al narcotráfico, al alcoholismo, a variadas formas de comercio sexual abierto o disfrazado, formas de diversión alienantes, que terminan denigrando la dignidad del ser humano, corrompiendo a nuestra juventud y destruyendo no pocos hogares, es decir, el alma de la ciudad. De todo ello, si no actuamos con mayor eficiencia, solo podremos esperar nuevas formas de empobrecimiento, delincuencia, y de violencia.
Por ser Arica la puerta norte de Chile, y ubicada en una trifrontera, requiere de la consolidación de una buena política migratoria. En el contexto de un mundo globalizado la formación de una cultura de acogida, solidaria con los que más sufren, se presenta como una necesidad al desarrollo sostenible y justo de las naciones, el que sólo puede ser verdadero si considera a todas las personas sin exclusiones y a cada una en su totalidad, es decir, a la persona en todas sus dimensiones.
El fenómeno migratorio en la era de la globalización revela un especial dramatismo por las condiciones de explotación, xenofobia, soledad y desarraigo en que se desarrolla. En situaciones de crisis económica, política y social, la presencia de los migrantes muchas veces es asociada al problema del desempleo, de la violencia y de la miseria local. Crece y se generaliza en contra de ellos un inaceptable sentimiento de rechazo y hostilidad, hasta manifestaciones de racismo individual y colectivo.
La globalización por lo tanto, no puede ser puro intercambio económico, pura tecnología, pura información: la aldea global debe ser también instrumento de encuentro y cercanía, de conocimiento y solidaridad, un espacio privilegiado para el ejercicio de la caridad cristiana a favor de millones de mujeres y hombres, víctimas diarias de las vicisitudes de las emigraciones forzadas, muchas veces motivados apenas por la necesidad de sobrevivir. En Arica, tenemos mucho que hacer todavía, sobre todo en la formación de la conciencia de la población, y en la implementación de políticas de regularización migratoria y la protección de los derechos sociales y laborales de los migrantes y sus familias.
Es urgente, a su vez, encontrar las estrategias y protocolos que permitan dar respuestas claras y oportunas a las urgencias que se presentan, especialmente de los pobres y de los que sufren. El modo en que por años se ha abordado el tema de la contaminación por polimetales, y sus consecuencias. La dramática situación del niño Kemuel que explica la desesperación de sus padres y la preocupación de la opinión pública. Por otra parte, continuamos asistiendo al drama que viven las familias de las casas quebradas, que a diario ven como lo que les costó años levantar con tanto esfuerzo se destruye, viéndose obligados a pernoctar aún en la calle. A lo anterior se suma la aparición de tomas de terreno para la instalación de un campamento, que más allá de lo ilegal y de los problemas sociales que genera, manifiesta la enorme necesidad de contar con una vivienda digna.
En realidad, no pocos de estos desafíos mencionados, tanto en sus causas como en su tratamiento, ofrecen dificultades a la hora de confrontarlos con las exigencias de la justicia y por ende, de la moral cristiana.
El significado de la Justicia
La palabra “justicia”, en el lenguaje común implica “dar a cada uno lo suyo” - “dare cuique suum”, según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste “lo suyo” que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia “distributiva” no proporciona al ser humano todo “lo suyo” que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios.
¿De dónde viene la injusticia?
El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica.
Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo.
Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?
La Justicia
En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que “levanta del polvo al desvalido” (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. En efecto, justicia en la Sagrada Escritura, significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo. Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar.
Alguna pista para el futuro
Arica espera de todos sus dirigentes y organizaciones públicas y privadas, como de sus diversas autoridades la capacidad de construir justicia y en justicia. Ello puede exigir por de pronto, alcanzar un gran consenso respecto de nuestra realidad, de lo que queremos para el desarrollo y proyección de nuestra ciudad, de lo que es indispensable para que nuestra población y familias tengan verdadera calidad de vida en todos los ámbitos. Un consenso al cual, desde las diversas instancias políticas, sociales, económicas y valóricas, se pueda aportar, fortaleciéndolo con la riqueza de su diversidad.
Se requiere de un auténtico “Pacto por Arica”, que aglutine voluntades e ideales, y de autoridades, dirigentes y ciudadanos valientes y decididos, que con un gran espíritu de diálogo y respeto mutuo, sean capaces de poner en primer lugar a Arica y las esperanzas de su población, por sobre otras lealtades por legítimas y honorables que éstas sean. Ariqueños que no estén disponibles para agotarse en lo que no es sustantivo, sino para jugárselas por cosas grandes. De este modo podremos hacer realidad una antigua frase que dice: “En lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; y en todo, caridad”.
Se entiende, entonces, afirma el Papa Benedicto, como la fe para un cristiano no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Dios que me libere de lo “mío”, para que pueda darme gratuitamente lo “suyo”. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar. Precisamente por la fuerza de esta experiencia, los cristianos nos vemos impulsados en Arica a contribuir a la formación de una sociedad justa, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia no se agote en el tecnicismo de la norma, sino que sea vivificada por el amor. Por eso afirmamos con la Sagrada Escritura: “¡Dichoso el pueblo que esto tiene, dichoso el Pueblo cuyo Dios es el Señor!”.
Que él, por la intercesión de nuestro Santo Patrono, San Marcos, y el amparo de Nuestra palomita Blanca, la Virgen del Rosario de Las Peñas, continúe protegiendo nuestra ciudad, iluminando nuestros líderes y bendiciendo nuestra esperanzas. Al Señor, sea el honor y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
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Estos catolicos siempre
Estos catolicos siempre esperanzados en que el hombre(en especial los politicos) cambiaran las cosas.
A los dos les vendría bien
A los dos les vendría bien leer la homilía completa y quedarse en los titulares
Para mi que el mensaje
Para mi que el mensaje sublimina fué también para el Obispo ya que con las noticias de pedofilia que circulan por el mundo y en Chile creo que calzan, UNIDAD para los Creyentes con verdades, HONESTIDAD del Clero para buscar y castigar a los Pedófilos de las congregaciones acusadas de estos echos y no quedarse callados y TRANSPARENCIA, aplicando los principios Biblicos para juzgar a los caidos en pecados que aborrece Dios y El Clero lo sabe por que leen su palabra. Es la Apostasia religiosa de los últimos tiémpos.
A propósito de esta
A propósito de esta crónica, ví la portada del diario de papel local y publica una foto del obispo junto al alcalde de Arica y agrega un título a la imagen que a mi juicio es un mensaje valedero y subliminal hacia la autoridad edilicia, que dice: "Obispo llama a la unidad, honestidad y transparencia". No se lo mandó a decir con nadie.