Bienvenido el 20%... ¿y qué pa?

Quienes tenemos por defecto compartir opiniones y experiencias a través de las redes Twitter y Facebook, entre el martes y ayer nos enfrascamos en una discusión entretenida, bastante enérgica y a ratos absurda. Por Matias Carrozzi
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02 de Septiembre, 2010 12:09

La aprobación de la Cámara de Diputados al proyecto que pretende exigir a las radios en Chile un mínimo de programación nacional despertó al monstruo de la libertad.

Los detractores de la medida vieron en este proyecto el más vil y retrogrado atentado contra su libertad de expresión, consumo, pensamiento y todas esas arengas liberales tan utilizadas después del fracaso socialista a fines del siglo pasado. Lo curioso del despotrique es que ninguno, por lo menos los que se atrevieron a debatir conmigo en Twitter, supieron argumentar en qué aspecto práctico esta medida podría afectar su tan preciado individualismo.

Si bien es cierto que algunos de los Diputados que defendieron y votaron a favor de la iniciativa anunciaron el asunto con la elegancia de un elefante en celo, no por ello dejaré de aplaudir la medida y trataré de explicar el porqué, como asimismo, vincularlo a un tema más grande que considero respetable poner sobre la mesa.

En mi país, si Chile, pocos saben bailar cueca, pero curiosamente casi la totalidad de la población “perrea”. En mi país ya nadie va de compras, prefieren ir de shopping (perdón, van de chopin). Tampoco en mi país se celebra el 12 de febrero, sin embargo, la mayoría te dirá, en lo que demora un Alcalde en cobrar su sueldo, qué día es halloween (porque ni siquiera lo traducen).

Nuestro temperamento chileno, por llamarlo de alguna manera, se estimula una vez al año. El mes de septiembre se llena de banderas (made in China), los supermercados de huasos bilingües y las prédicas patriotas los espacios públicos. Pero, ¿y el resto del año?. Si hasta nuestras autoridades gastan millones una semana antes de las fondas en clases de baile.

Pasado septiembre, Chile vuelve a ser cool, emerge el reggaeton, los flaites y el punchi punchi. Los niños juegan play station, los malls reinstalan sus fachadas neoyorquinas y las blackberry suenan como blackberry.

Para los que a estas alturas están considerando seriamente dejar de leer al exagerado Carrozzito, déjenme señalar un solo ejemplo y muy reciente (de ayer), que valida el argumento. La prestigiosa consultora Ipsos dio a conocer la valoración, a propósito de la fiebre del bicentenario (que no es tal, pero ese es otro tema), de los Presidentes de Chile y donde se destaca el nombre de don Jorge Alessandri Palma. Así de simple, no destacan a don Arturo Alessandri Palma (1920 - 1925 y 1932 - 1938), como tampoco a don Jorge Alessandri Rodríguez (1958 - 1964). No, estos caballeros, instruidos todos por cierto, destacaron a un Presidente fantasma. ¿Se entiende?.

Ahora, tampoco hay que ser caricaturista y suponer que cuando hablamos de programación nacional sólo nos referimos a cuecas, resbalosas, tonadas y trotes. Por favor, en Chile hay cultores, compositores e intérpretes en casi todos los estilos existentes, como también hay arriesgados en fusiones, algunas de dudosa calidad, pero que se atreven y tan sólo esperan una vitrina para dar a conocer su arte sin depender de las distorsiones de las disqueras y productoras. Es decir y utilizando otro ejemplo reciente, si Laurence Golborne fuera músico, hoy sus canciones tendrían más seguidores y posiblemente ya estaría recibiendo llamados para hacer una gira.

Esta iniciativa legal, que dicho sea de paso podría demorar siglos en salir del Senado, abre otra puerta. De convertirse en ley, ¿cómo estamos para hacer lo mismo respecto del cine, la televisión, los libros?. O más descabellado aún, ¿porqué no una cuota nacional en las góndolas de supermercados, centros comerciales, los cigarrillos, alcoholes, etc?. En materia de participación política, ¿cómo estamos para definir de una buena vez una cuota mínima para mujeres en cargos de elección popular?.

Correcto, es raro leerle a un despreciable conservador como yo este tipo de sugerencias, pero el dilema existencial es mío y no creo que le quite el sueño a nadie. Lo importante es, a dos días de empezado el “mes de la patria” ver si las emociones nos permiten conversar sobre la importancia (o no) de proteger y cultivar todo aquello que nos diferencia del resto del planeta.

En una época híper conectada, influenciada por íconos foráneos y dónde lo que no sale en los medios de comunicación masivo no existe, señoras y señores, lolita, varón, le doy la bienvenida al 20%... ¿y qué pa’?.

Tengo que confesar eso si que a favor de la medida no fuimos más de tres o cuatro. Por ponerlo en números, sería algo así como que de cada 10 personas en contra de la cuota, a favor fuimos menos 20.

Sólo espero que esta vez el Presidente Piñera no tome en cuenta el people meter (facultad de veto) y deje que la ley se tramite tranquilamente en el Congreso. Total, aquí no estamos poniendo en riesgo ninguna reserva natural y mucho menos pidiendo que los pingüinos se corran 25 kilómetros más allá.

Eso sería todo (por ahora), traten de dejar sus comentarios y ya saben que sus opiniones son mi sueldo. Un abrazo y que sea lo que Dios quiera.

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