Matonaje Escolar: ¿Qué hacer con los Agresores?
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Algunos niños maltratadores tienen problemas patológicos. Otros no. Pero en ambos casos no detectar el problema a tiempo puede generar adultos agresivos con hijos o parejas. ¡Ojo! Las víctimas no tratadas pueden convertirse en victimarios a futuro.
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Escrito por Corresponsales El Morrocotudo
Por Dalia Rojas
Bárbara tiene 10 días de licencia, una contusión cervical, inflamación y muy pocas ganas de volver a clases. La estudiante, de 12 años, del colegio Víctor Domingo Silva, en La Serena sufrió un intento de ahorcamiento por parte de un compañero, luego que se negara a darle un dulce. No era primera vez que el alumno que la agredió tenía un comportamiento violento. Según informó la directora del colegio, Patricia Aguirre, el menor está recibiendo apoyo sicológico por su agresividad.
Mientras esto acaecía al norte del país, en Arauco, Angélica Villar Peña denunciaba que su hija, de 13 años, recibió una golpiza de parte de alumnas de octavo año, luego que intentara defender a una prima que era molestada tras un partido de baby-fútbol en la escuela E-727. Quedó con un esguince cervical, mientras la agresora fue suspendida.
Estos dos casos de matonaje escolar no terminaron en funeral, como sucedió con Pamela Pizarro, en Iquique, pero dan cuenta de una cotidiana y silenciosa realidad que viven cientos de escolares: el denominado bullying. Una palabra inglesa adoptada por el profesor de sicología noruego Dan Olweus, para definir una conducta de persecución física y sicológica de un alumno hacia otro, de manera reiterada e intencionada, en la que la víctima generalmente no está condiciones de responder. Puede traer como consecuencia en la víctima estados de ansiedad, baja autoestima y depresiones severas, sobre todo si el maltrato es constante en el tiempo. ¿Qué lleva a un niño a ser acosador o matón con sus pares?
Perfil del victimario
En nuestro país, según diversas encuestas entre el 20 y 30% de los alumnos ha señalado ser testigo de situaciones de hostigamiento a sus pares.
El siquiatra infanto juvenil Sergio Canals, explica que las agresiones “son grupales y públicas hacia una persona. El grupo tiene un líder que, generalmente, tiene algún problema en su personalidad. El que acosa puede tener una autoestima baja y utiliza al grupo para resolver su necesidad y su patología. Esta actitud paradójicamente le otorga prestigio y popularidad frente al resto del grupo, que generalmente calla o se suma a la burla y al hostigamiento constante”.
Por su parte, Felipe Lecannelier, director de la Unidad de Intervención Temprana de la Universidad del Desarrollo, dice que hay que diferenciar entre hostigamiento y bromas molestas, así como evitar patologizar el fenómeno. “Si así fuera estarían muchos niños de este país con problemas y eso no es así. Lo que sí puede haber, es que dentro de casos de bullying, haya agresores crónicos. Estos son menores que empiezan a mostrar conductas agresivas desde los dos años”.
Agresividad hasta la adultez
El experto también añade que es difícil cambiar la actitud de un niño agresivo, sobre todo si se detecta el problema cuando el individuo ya ha superado la infancia. “En la adultez, estos niños siguen siendo agresivos. Hay estudios que han seguido a estos niños hasta que cumplen 25 años y eso es lo que muestran: refinan sus métodos de agresión y pueden llegar a golpear a sus hijos o parejas”.
La víctima no lo pasa mejor que el agresor. El daño, si la persecución es constante, puede observarse en la adultez, impidiendo que el individuo se desarrolle de manera normal. “Genera una predisposición negativa al momento de relacionarse en la edad adulta con sus compañeros de trabajo. Los niños que han sido victimizados, al momento de estar en puestos de poder se pueden transforman en agresores laborales. Cuando la victimización ha sido extrema te puede acompañar toda la vida. Y otra forma de liberarse de esta, también es pasar a ser de víctima a victimario”.
Para evitar y enfrentar estas conductas, los expertos señalan que hay que revisar por completo el proyecto educativo del colegio. “Hay que hacer un trabajo preventivo en los establecimientos que involucre a toda la comunidad escolar, dice Canals. Por su parte, Lecannelier añade que llevar a un agresor o a un niño víctima a un sicólogo o siquiatra de poco sirve si no se trata el lugar donde se da la relación de violencia. “ Un sistema de intervención antibullying pasa por convertir la solidaridad en algo popular y la violencia en algo reprochable socialmente”. Para que esto ocurra, explica, hay que involucrar a la comunidad escolar completa.
Última Actualización: 19 de Marzo 2010 02:40:30 AM