Turkmenistán: ¿Y ahora qué?
Tras la muerte del excéntrico dictador Saparmurat Niyazov el país ha entrado en una nueva etapa. El nuevo gobierno promete reformas progresivas y estabilidad. Sin embargo, el futuro del país aún es poco claro.
Para algunas de las antiguas repúblicas de la URSS la disolución del gigante comunista significó el fin del totalitarismo y el inicio de procesos de transición hacia la democracia, para otras, en cambio, el punto de partida de democratizaciones nunca terminadas o revertidas y, en el peor de los casos, de regimenes autoritarios.
Turkmenistán, un país de Asia Central del tamaño de España, cayó dentro del segundo grupo. En 1992, un año después de la independencia, las primeras elecciones presidenciales del país dieron el triunfo con un 99,5% de los votos a Saparmurat Niyazov, el antiguo líder del partido comunista en la ex república. El mandatario terminó siendo un dictador que eliminó toda traza de oposición y promovió el culto a su persona.
Excéntrico como pocos, Niyazov adoptó el nombre de Turkmenbashí o "Padre de todos los turkmenos", ordenó que se erigieran estatuas de su persona, rebautizó los meses del año, obligó a la población a estudiar su doctrina (el Ruhnamá), prohibió el pelo largo, la barba y la utilización de radios en los automóviles, vetó la opera y el ballet, y mandó a construir un palacio de hielo en plena zona desértica, a las afueras de la capital del país, Ashjabad.
El gobierno de Niyazov terminó súbitamente en diciembre del año pasado luego de que un ataque cardiaco lo fulminara. La nación quedó en vilo. Rusia y Europa, países que dependen de las enormes reservas de gas de Turkmenistán, demostraron preocupación. ¿Qué va a suceder ahora? era la pregunta del momento.
Berdimujammédov, presidente nuevo con olor a viejo.
En febrero de este año, casi un mes después de la muerte de Niyazov, el país realizó elecciones presidenciales en las que participaron exclusivamente candidatos del Partido Democrático de Turkmenistán, el único partido registrado. Criticados desde Occidente como poco limpios los comicios dieron el 89,2% a Gurbangulí Berdimujammédov, quien fuera viceprimer ministro y ministro de Salud durante el gobierno anterior.
Aunque parezca increíble la elección de Berdimujammédov ha sido percibida positivamente dentro y fuera del país. El nuevo presidente representa estabilidad, pero además, la esperanza de necesarias reformas.
Como señala un ciudadano turkmeno al sitio de noticias EurasiaNet, Berdimujammédov tiene la experiencia y el instinto de sobrevivencia necesarios –fue capaz de sobrevivir a las numerosas purgas realizadas por Niyazov- para mantener el aparato estatal funcionando. Además, el presidente ha señalado que desea perseguir una política de neutralidad hacia el exterior, fomentar la cooperación y las relaciones amistosas con los vecinos, y –quizás lo más relevante para los oídos occidentales- cumplir con las obligaciones derivadas de los contratos de suministro de gas a los mercados extranjeros.
El nuevo hombre fuerte también ha señalado su deseo de realizar reformas para promover el desarrollo de su país, donde más del 50% de la población está bajo la línea de la pobreza, y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Durante la campaña electoral prometió cambios en la educación y el sistema de salud, reformas en el sector agrícola, mayores pensiones, y acceso a Internet para “todos los ciudadanos”.
El mandatario ha demostrado que aparentemente tiene interés por concretar las promesas. En las últimas semanas aumentó a diez los años de la educación secundaria y anunció que restablecería el estudio de idiomas y las clases de gimnasia, ambos abolidos por Niyazov. También señaló que fortalecería la educación superior, fuertemente afectada por las decisiones del antiguo presidente, y que permitiría los estudios fuera del país. Adicionalmente, fueron abiertos dos cibercafés en Ashjabad, un avance teniendo en cuenta que tan sólo un 1% de los turkmenos tiene acceso a Internet, y el Ministro de Telecomunicaciones señaló que se espera abrir otros 15 en el futuro.
Nunca corras si puedes simplemente caminar
Sin embargo, hay voces que llaman a no demostrar demasiado optimismo.
La estabilidad del país y de los suministros no está asegurada. Turkmenistán es el quinto país con las reservas más grandes del mundo y posee importantes depósitos de petróleo. Estos recursos han llamado la atención de las grandes potencias, especialmente Rusia, EEUU, Irán y China, y podrían provocar una competencia con posibles consecuencias negativas para el país centroasiático.
Rusia, que actualmente monopoliza los envíos turkmenos de gas al exterior, ya ha comenzado a mover sus piezas. El primer ministro ruso, Mikhail Fradkov, se reunió con el nuevo mandatario y el presidente Putin tuvo una conversación telefónica con él. En ambos casos se buscó reafirmar el compromiso turkmeno de mantener el actual marco de exportación de gas -vía Rusia- y profundizar los lazos bilaterales.
De acuerdo al periodista ruso e investigador independiente Sergei Blagov, existen indicios de que en los próximos meses los funcionarios rusos podrían instar a sus contrapartes para alinearse con Moscú no sólo económicamente sino que también políticamente, despojándolas de sus intenciones de mantener una política de neutralidad. Así lo demostrarían algunas palabras vertidas el 20 de febrero por el Secretario General de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) – dominada por Rusia-, Nikolai Bordyuzha, quién señaló que naciones externas a la región persiguen políticas dirigidas a dividir a los países de Asia Central y que, por lo tanto, era una mera ilusión la confianza de algunos países centroasiáticos en su habilidad para defender la soberanía sin ser parte de esfuerzos colectivos de tipo regional. Comentarios que fueron interpretados como una clara alusión a Turkmenistán y como una muestra de interés por integrar a ese país en las organizaciones dominadas por Rusia.
Occidente, y en específico EEUU, en tanto, han demostrado que desean fortalecer sus relaciones con Turkmenistán y los demás países de Asia Central y desviar parte del gas por nuevas rutas, que eviten el territorio ruso. En específico, a través de Azerbaiyán hacia Georgia y Turquía. Sin embargo, los diplomáticos norteamericanos han intentado bajarle el perfil a su accionar. Evan Feigenbaum, viceasistente del Secretario de Estado para los asuntos de Asia Central y Sur, afirmó a Eurasianet que EEUU no busca debilitar los fuertes lazos entre Rusia y los países de Asia Central. “Lo que deseamos hacer es ayudar a las naciones de la zona a forjar nuevas conexiones –para comerciar, obtener oportunidades de inversión, llevar a cabo proyectos transfronterizos energéticos, y acceder a las enormes posibilidades del mercado global”.
Por otro lado, Berdimujammédov ha indicado su admiración por el gobierno anterior y afirmado que las reformas serán lentas. “Nunca corras si puedes simplemente caminar”, señala el mandatario repitiendo las palabras de su padre. Berdimujammédov también ha dejado claro que no desea establecer una democracia al estilo occidental –con “modelos importados”- sino que basarla en la experiencia nacional y en las tradiciones de las generaciones anteriores.
Por lo mismo Farjad Iliásov, un periodista turkmeno refugiado en Moscú, indicó al diario Védomosti que, “como mucho el régimen turkmeno puede evolucionar hacia un \'modelo autoritario civilizado como el que impera en el vecino Uzbekistán". Un progreso para una sociedad acostumbrada a gobiernos de mano dura, sin lugar a dudas.
Fuentes:
http://www.eurasianet.org
http://www.turkmenistan.ru
Turkmenistán, un país de Asia Central del tamaño de España, cayó dentro del segundo grupo. En 1992, un año después de la independencia, las primeras elecciones presidenciales del país dieron el triunfo con un 99,5% de los votos a Saparmurat Niyazov, el antiguo líder del partido comunista en la ex república. El mandatario terminó siendo un dictador que eliminó toda traza de oposición y promovió el culto a su persona.
Excéntrico como pocos, Niyazov adoptó el nombre de Turkmenbashí o "Padre de todos los turkmenos", ordenó que se erigieran estatuas de su persona, rebautizó los meses del año, obligó a la población a estudiar su doctrina (el Ruhnamá), prohibió el pelo largo, la barba y la utilización de radios en los automóviles, vetó la opera y el ballet, y mandó a construir un palacio de hielo en plena zona desértica, a las afueras de la capital del país, Ashjabad.
El gobierno de Niyazov terminó súbitamente en diciembre del año pasado luego de que un ataque cardiaco lo fulminara. La nación quedó en vilo. Rusia y Europa, países que dependen de las enormes reservas de gas de Turkmenistán, demostraron preocupación. ¿Qué va a suceder ahora? era la pregunta del momento.
Berdimujammédov, presidente nuevo con olor a viejo.
En febrero de este año, casi un mes después de la muerte de Niyazov, el país realizó elecciones presidenciales en las que participaron exclusivamente candidatos del Partido Democrático de Turkmenistán, el único partido registrado. Criticados desde Occidente como poco limpios los comicios dieron el 89,2% a Gurbangulí Berdimujammédov, quien fuera viceprimer ministro y ministro de Salud durante el gobierno anterior.
Aunque parezca increíble la elección de Berdimujammédov ha sido percibida positivamente dentro y fuera del país. El nuevo presidente representa estabilidad, pero además, la esperanza de necesarias reformas.
Como señala un ciudadano turkmeno al sitio de noticias EurasiaNet, Berdimujammédov tiene la experiencia y el instinto de sobrevivencia necesarios –fue capaz de sobrevivir a las numerosas purgas realizadas por Niyazov- para mantener el aparato estatal funcionando. Además, el presidente ha señalado que desea perseguir una política de neutralidad hacia el exterior, fomentar la cooperación y las relaciones amistosas con los vecinos, y –quizás lo más relevante para los oídos occidentales- cumplir con las obligaciones derivadas de los contratos de suministro de gas a los mercados extranjeros.
El nuevo hombre fuerte también ha señalado su deseo de realizar reformas para promover el desarrollo de su país, donde más del 50% de la población está bajo la línea de la pobreza, y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Durante la campaña electoral prometió cambios en la educación y el sistema de salud, reformas en el sector agrícola, mayores pensiones, y acceso a Internet para “todos los ciudadanos”.
El mandatario ha demostrado que aparentemente tiene interés por concretar las promesas. En las últimas semanas aumentó a diez los años de la educación secundaria y anunció que restablecería el estudio de idiomas y las clases de gimnasia, ambos abolidos por Niyazov. También señaló que fortalecería la educación superior, fuertemente afectada por las decisiones del antiguo presidente, y que permitiría los estudios fuera del país. Adicionalmente, fueron abiertos dos cibercafés en Ashjabad, un avance teniendo en cuenta que tan sólo un 1% de los turkmenos tiene acceso a Internet, y el Ministro de Telecomunicaciones señaló que se espera abrir otros 15 en el futuro.
Nunca corras si puedes simplemente caminar
Sin embargo, hay voces que llaman a no demostrar demasiado optimismo.
La estabilidad del país y de los suministros no está asegurada. Turkmenistán es el quinto país con las reservas más grandes del mundo y posee importantes depósitos de petróleo. Estos recursos han llamado la atención de las grandes potencias, especialmente Rusia, EEUU, Irán y China, y podrían provocar una competencia con posibles consecuencias negativas para el país centroasiático.
Rusia, que actualmente monopoliza los envíos turkmenos de gas al exterior, ya ha comenzado a mover sus piezas. El primer ministro ruso, Mikhail Fradkov, se reunió con el nuevo mandatario y el presidente Putin tuvo una conversación telefónica con él. En ambos casos se buscó reafirmar el compromiso turkmeno de mantener el actual marco de exportación de gas -vía Rusia- y profundizar los lazos bilaterales.
De acuerdo al periodista ruso e investigador independiente Sergei Blagov, existen indicios de que en los próximos meses los funcionarios rusos podrían instar a sus contrapartes para alinearse con Moscú no sólo económicamente sino que también políticamente, despojándolas de sus intenciones de mantener una política de neutralidad. Así lo demostrarían algunas palabras vertidas el 20 de febrero por el Secretario General de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) – dominada por Rusia-, Nikolai Bordyuzha, quién señaló que naciones externas a la región persiguen políticas dirigidas a dividir a los países de Asia Central y que, por lo tanto, era una mera ilusión la confianza de algunos países centroasiáticos en su habilidad para defender la soberanía sin ser parte de esfuerzos colectivos de tipo regional. Comentarios que fueron interpretados como una clara alusión a Turkmenistán y como una muestra de interés por integrar a ese país en las organizaciones dominadas por Rusia.
Occidente, y en específico EEUU, en tanto, han demostrado que desean fortalecer sus relaciones con Turkmenistán y los demás países de Asia Central y desviar parte del gas por nuevas rutas, que eviten el territorio ruso. En específico, a través de Azerbaiyán hacia Georgia y Turquía. Sin embargo, los diplomáticos norteamericanos han intentado bajarle el perfil a su accionar. Evan Feigenbaum, viceasistente del Secretario de Estado para los asuntos de Asia Central y Sur, afirmó a Eurasianet que EEUU no busca debilitar los fuertes lazos entre Rusia y los países de Asia Central. “Lo que deseamos hacer es ayudar a las naciones de la zona a forjar nuevas conexiones –para comerciar, obtener oportunidades de inversión, llevar a cabo proyectos transfronterizos energéticos, y acceder a las enormes posibilidades del mercado global”.
Por otro lado, Berdimujammédov ha indicado su admiración por el gobierno anterior y afirmado que las reformas serán lentas. “Nunca corras si puedes simplemente caminar”, señala el mandatario repitiendo las palabras de su padre. Berdimujammédov también ha dejado claro que no desea establecer una democracia al estilo occidental –con “modelos importados”- sino que basarla en la experiencia nacional y en las tradiciones de las generaciones anteriores.
Por lo mismo Farjad Iliásov, un periodista turkmeno refugiado en Moscú, indicó al diario Védomosti que, “como mucho el régimen turkmeno puede evolucionar hacia un \'modelo autoritario civilizado como el que impera en el vecino Uzbekistán". Un progreso para una sociedad acostumbrada a gobiernos de mano dura, sin lugar a dudas.
Fuentes:
http://www.eurasianet.org
http://www.turkmenistan.ru
FOTO BLOGJAM
Domingo 04 de Febrero de 2007
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