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Freak show

La televisión a menudo se sirve de este tipo de personajes extravagantes o fuera de sus facultades mentales como material para el hueveo. Ciertas dosis de humillación y crueldad son necesarias para marcar rating en estos programas de talentos devenidos en freak shows.

Las sugerencias automáticas de Youtube comenzaron a pasar videos de las peores imitaciones de cantantes en programas de talento. Así fue como llegué a Raquel Castillo, “la mujer de las 5.000 imitaciones”, un caso desconcertante en este género residual de entretención. “La eterna chica casting” ha audicionado en todos los shows de talento posibles, y sus videos acumulan millones de visualizaciones en internet, lo que le ha valido apariciones como invitada en programas de trasnoche.

La televisión a menudo se sirve de este tipo de personajes extravagantes o fuera de sus facultades mentales como material para el hueveo. Pura pedagogía de la crueldad. Si escuchar las imitaciones de Raquel Castillo es una experiencia desopilante, la parte morbosa del asunto viene cuando ella despliega su carta de presentación: cantante, imitadora, bailarina, humorista, modelo, productora, manager y hasta jurado de concursos de talento. No sabemos si su actuación consiste en un parodia de sí misma o si estamos ante la presencia de un caso clínico de una personalidad megalómana y delirante.

Busco la definición de crueldad en Google: “es una crueldad matar crías de focas para arrancarles la piel”. Pero eso qué importa, el público parece disfrutar del espectáculo. La presentadora de la versión inglesa de Factor X viste un enorme abrigo de animal bebé. Ciertas dosis de humillación y crueldad son necesarias para marcar rating en estos programas de talentos devenidos en freak shows

Raquel Castillo tiene un don extraordinario para parodiarse a sí misma o ha hecho de la falta de talento un arte nuevo y bizarro. La situación llega al extremo del absurdo cuando en “Quién cresta soy”, una parodia de los programas de talento montada como un sketch en “Morandé con Compañía” aparece “la imitadora de la imitadora”: un doppelgänger de Raquel Castillo. Su existencia real o virtual parece plantearnos una suerte de paradoja incomprensible en segundo grado. Sabemos que ella en realidad está ahí para las risas y el divertimento del público. Sin embargo, ha logrado, aunque de forma patética, gozar de su minuto de fama. Me pregunto ¿Se ríe acaso ella de nosotros? Preferiría no saberlo.

Ver también:

Las fronteras matan

Crónicas urbanas: Arica / Las Vegas

Imagen: Television Man — By Ryan McGuire / gratisography.com

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