Cine Colón: Entre la nostalgia y el olvido [VIDEO]

El cierre del viejo cine local, querido y muchas veces criticado injustamente, fue tema de discusión durante una semana con recuerdos y diversas sensaciones.

Imagen de Gonzalo Arratia
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17 de Agosto, 2018 15:08

Si estuviésemos en la piel de Carlos Pinto, podríamos decir que "Nada hacía presagiar..." que Cine Colón tendría su triste final este año, bajo el alero de la marca multinacional Hoyts, quienes de un momento a otro decidieron bajar el telón de un espacio ariqueño muy estilo "del pueblo", donde hay un centenar de historias que muchas personas se negaron a querer olvidar cuando terminó la proyección de la película Megalodón este Miércoles 15 de Agosto de un año 2018.

No debemos limitarnos en buscar culpables, apuntar con el dedo a quienes no conservaron este espacio casi patrimonial de Arica, donde varias generaciones iniciaron sus primeras andanzas con una cita para pololear, llevar a sus hijos, reírse a carcajada limpia o tener que sentarse en los pasillos al no quedar butacas disponibles. Es cierto que fue una situación demasiado rápida para digerir, pero ya hablaré de ese tema en otra nota. Ahora sólo me centraré en lo que simboliza para mi este lugar y cómo se despidió de la ciudad.

Puede ser que la cadena Hoyts haya comprado el lugar, llenado de logotipos de la marca por todas partes, popcorns decorativos, etc... pero para nosotros siempre fue y será recordado como "Cine Colón". Si nos tocaba reunirnos con alguien por aquél sector, bastaba con decirle "juntémonos en el cine Colón" aunque este tuviese un enorme cartel de Cine Hoyts. Prácticamente en el ADN ariqueño se impregnó ese nombre y nadie pudo borrarlo.

Como consistía en una sola sala, era el único cine del país (antes de ser parte de la cadena Hoyts) donde se podía entrar a ver 2 películas al mismo tiempo. Cuando eso dejó de ser permitido, no faltaba quienes al terminar una función hacíamos como que íbamos al baño, para después entrar a la siguiente función traviesamente.

 Debo reconocer también que muchas veces me sentí pasado a llevar en algunas películas que deseaba ver concentradamente, ya que el público en general era una especie de galería de estadio y tenía que soportar las bromas de un payaso para que el resto del público del cine se riera sin vergüenza alguna. Realmente era un espectáculo ir porque en ninguna parte vi esa clase de reacciones expontáneas y enérgicas, como una reunión familiar donde todos se ríen por un chiste mientras se come un buen asado. Eso solo pasaba en Cine Colón.

Podría perder el tiempo innecesariamente en los detalles técnicos que todos sabemos carecía el lugar. Sin embargo ese espacio tenía otra clase de fortalezas que, obviamente, son difíciles de dejar partir:

- Muchos crecimos viendo nuestras primeras películas en dicho lugar. Partir siendo hijo para volver como padre llevando a nuestros retoños.

- Iniciar una linda historia de amor con un primer beso en la penumbra mientras se exhibía la Romeo y Julieta de Di Caprio o salir del colegio (con o sin cimarra) para ir con amigos a un súper estreno y hacer la cola hasta más allá de la Catedral San Marcos.

- Ver mil veces Jurassic Park y otras mil veces El Señor de los Anillos, hasta el cansancio.

- Que por mucho tiempo me atendiera la misma señora en boletería cuando era niño y después como adulto... Y podría escribir casi un testamento eterno como créditos finales de cualquier película, nombrando cada momento grabado en aquellas butacas.

Lamentablemente no pude estar para despedir a este viejo amigo que tanto tiempo cobijó mi hambre cinéfilo, por lo cual le encargué a un viejo amigo y compañero de muchas salidas al cine que fuese en mi nombre a la última función. Le tocó a Jason Statham cerrar un ciclo con la película Megalodón.

Al terminar la función hubo momento para la reflexión, el silencio y el nudo en la garganta: atinadamente sonó la canción "Recuérdame" de Coco en los parlantes de la sala, detalle que fue difícil dejar pasar por alto para quienes realmente teníamos apego emocional por este lugar.

Ya estando fuera del cine era inevitable entre los presentes recordar anécdotas, dejar escapar una que otra lágrima, recapitular momentos únicos que con su cierre se lleva al más allá el eterno Cine Colón.

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