Que pasa en Europa ¿Retorno del keynesianismo?

No son pocos los que siguen sosteniendo, desde nuestro apartado Chile, las ventajas del (neo) liberalismo y los “pecados” de las ideas socialistas. 

Imagen de José Luis Pizarro Theiler
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24 de Mayo, 2012 17:05
Giro a la izquierda

No son pocos los que siguen sosteniendo, desde nuestro apartado Chile, las ventajas del (neo) liberalismo y los “pecados” de las ideas socialistas. Pareciera como si la perspectiva local -- nacional, fuertemente contaminada por casi 40 años de doctrina neoliberal ideológicamente hegemónica y dominante, fuera un poco estrecha para ver esa ola que, como la del “gringo”, se acerca a las playas de Chile.

En realidad es fácil equivocarse. Hace apenas seis meses, Mario Monti asumió en Italia, con un gobierno de “técnicos”, para corregir los errores de la política berlusconiana y sanear las desastradas cuentas italianas. En el mismo mes de noviembre, las elecciones en España dieron a Mariano Rajoy y al Partido Popular el mayor triunfo de la derecha en la historia española postfranquista. Parecía en ese momento como si la crisis diera un espaldarazo a la política del rigor y de las cuentas fiscales ajustadas, en detrimento del crecimiento y sobre todo del empleo.

Italia y España se sumaban así el eje Sakozy-Merkel, que como otra ola, de reflujo ésta, obligaba a los países recalcitrantes a aplicar el modelo. Una vez más Keynes parecía quedar atrás: la solución --casi como en un ejercicio de escuela-- estaba en la desregulación del mercado del trabajo y en minimizar del tamaño y el intervencionismo del Estado.

En ese momento los observadores de la realidad quedaron de una pieza: ¿Cuántos eran y que significación política tenían entonces las protestas de “los indignados” que durante semanas ocuparon las plazas de España y de otros países?

En realidad, nada esta escrito para siempre. Las elecciones de las últimas semanas en Europa parecieran contradecir de manera contundente los defensores del estado mínimo pasivo y del rigor a ultranza, abriendo espacio a la aplicación de políticas que si no se pueden decir socialistas, son al menos keynesianas y próximas al tradicional intervencionismo estatal, creado de paso un clima de “incertidumbre” en los mercados y en la política que los sustenta.

Las elecciones de este domingo 13 en Renania-Westfalia, el más rico, industrializado y poblado “Land” de la próspera Alemania, se tradujeron en una clamorosa derrota de la democracia cristiana (CDU) de la Canciller Angela Merkel, con una afirmación no sólo de la izquierda “moderada” (SPD, social demócrata) que obtuvo casi un 40% de los votos, sino también de grupos o partidos contestatarios al actual modelo de desarrollo, como los “verdes” (die Grünen) y sobre todo “los piratas” (Piraten) que con el 8% han superado el umbral que les impedía el ingreso en parlamento. ¿Cómo es posible que a los ciudadanos del país estrella, el que mas crece, la locomotora europea, no les guste la política de su propio Gobierno?

Hace apenas una semana, señales en el mismo sentido llegaban de Francia, Grecia, Italia, y -- con menos trascendencia mediática, de Serbia, todas las cuales demuestran un creciente descontento popular. En Serbia, el próximo 20 de mayo, Tomislav Nikolic, del Partido Progresista Serbio (socialista), que llega en punta al balotaje, deberá disputar y podría derrotar, al actual presidente Boris Tadic del centro derechista Partido Demócrata. La escasa participación (44%) demuestra también en Serbia el creciente desapego por los partidos tradicionales, en una campaña electoral centrada (como si fuera novedad), en el elevado desempleo y en la falta de crecimiento económico.

Se sabe que el recién elegido François Holland es abiertamente partidario del intervencionismo estatal, privilegiando la palanca fiscal como instrumento para el crecimiento y el empleo. El mismo primer ministro italiano Mario Monti, para alinearse con las “nuevas” tendencias, y en parte también para aplacar el creciente descontento social, ha readecuado su discurso desde hace unas semanas, en favor de un mayor intervencionismo estatal, planteando por ejemplo, que las inversiones publicas no estén incluidas en los límites del déficit público.

En Grecia en cambio, la situación se presenta francamente complicada y es muy probable que deberá repetir la elección. Los votantes, confusos ante un sistema que no sabe ofrecer alternativas a la dramática crisis, se dispersaron, perdiendo dramáticamente consenso los dos partidos mayores (PASOK, socialista, y ND de centro-derecha) que sostuvieron la política del rigor, y ganando todos los que se pronuncian por el rechazo de las extremas medidas de austeridad impuesta por Europa. No en balde el joven líder de la Coalición de Izquierda Radical, Alexis Tsipras, segundo en las elecciones, aparece como paladín de la “parapolítica” o de la “antipolítica”, al igual que el otro “ganador” de las elecciones parciales italianas del 6 de mayo, Beppe Grillo y su movimiento “Cinque Stelle”, que bordea el 8% de los consensos.

Es evidente que le problema político trasciende los resultados económicos. Alemania “está bien”, Francia no está “tan mal”, y Grecia es un desastre y todos convergen a la izquierda.

El tema se ha puesto al centro de la discusión mundial. El Nóbel de economía Paul Krugman, en un editorial del 6 de mayo, analizaba en el New York Times, la situación con un título significativo: "Estos europeos revoltoso. Los franceses se rebelan. Los Griegos también. Ya era el tiempo”. Afirma que los resultados electorales son una clara señal que la estrategia de la austeridad está llegando a término, mofándose al mismo tiempo del semanario The Economist, que apuntó a François Holland como “muy peligroso”, porque habría declarado que "sinceramente cree en la necesidad de una sociedad mas justa”; "Quelle horreur!” concluye irónicamente en francés, el premio Nóbel.

Se pregunta Paul Krugman ¿Qué es lo que no funciona en la receta del rigor como remedio a la enfermedad europea? La respuesta obvia es que la confianza de los mercados no vuelve sólo por encanto. La hipótesis que supone que reducir el gasto público va a estimular la demanda de los consumidores y dar confianza a los empresarios, ha sido refutada por la experiencia. Cortar los gastos en una economía deprimida, lo único que consigue es profundizar la depresión -afirma.

Presenta el caso de Irlanda, que siendo un buen alumno en las recetas recesionistas, no muestra resultados alentadores y el remedio parece peor la enfermedad. Se supone que la austeridad debería funcionar como aliciente para reconquistar el favor de los mercados en la ortodoxia económica. Sin embargo y aunque los comentaristas no cesan de afirmar que la economía irlandesa “se está recuperando”, la realidad es que el costo del endeudamiento sigue siendo todavía mucho más alto que en Italia o España y, obviamente, que en Alemania.

Más allá de la coyuntura actual, el tema de fondo es si las políticas neoliberales, caracterizadas por la reducción del papel del Estado, el laissez faire económico financiero, la desregulación y el tecnocratismo, han producido sociedades mas justas. En la práctica, los “ajustes estructurales”, el otro nombre con que se llamó en sus inicios lo que hoy es la política del “rigor”, no sólo no han producido sociedades mas igualitarias, sino han entregado los países al vaivén de la especulación financiera. 

Este lunes, Giuseppe Vegas, presidente de la Bolsa de Valores de Italia, a quién nadie podría acusar de socialista, se refirió en un durísimo discurso pronunciado ante las mas altas autoridades nacionales, a la necesidad de “proteger el sistema democrático del continuo asalto de los especuladoressi se quiere evitar una rebelión de efectos destructivos, hay que mirar hacia los fundamentos económicos y del trabajo para hacerlos más sólidosel futuro de los países no se puede encomendar a un número: el spread, --que cuantifica la diferencia de confianza entre los títulos del tesoro de un país con los alemanes, reputados los más fiables-- esa es una manera de abdicar a las responsabilidades”.

Ese es el tema olvidado: los fundamentos económicos, el trabajo y la economía real. Perdidos en la marea especulativa (y Estados Unidos no puede dar lecciones, hace unos días se destapó el “caso”, de la JP Morgan), los países desarrollados descubren algo que los subdesarrollados han vivido en carne propia desde hace decenios, con las recetas del rigor del FMI y del BM. Argentina fue un ejemplo dramático de estas medidas que la llevaron a la bancarrota, después de liquidar el estado social y vender lo mejor de su parque industrial. Bolivia, que se incorporó muy temprano a las políticas neoliberales, recuperó los equilibrios macro-económicos pero perdió su alma: los resultados sociales fueron un desastre al punto que otro premio Nobel, Joseph Stiglitz afirmaba que había sentido el dolor pero no los beneficios del ajuste. En Chile, desde hace tiempo que la rebelión de las masas no es escuchada por la política, a pesar de las masivas protestas. En su afán de continuar con la aplicación ortodoxa de un modelo que se está agotando y que abandona el quehacer económico y social a los vaivenes del mercado, la plutocracia chilena sigue sorda.

Si se quiere evitar una rebelión de efectos destructivos, parece cada vez mas evidente que se debe cambiar la receta y evolucionar hacia un nuevo keynesianismo con mayor intervencionismo estatal.

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