La suerte de Alexis Sánchez

Si Alexis tuvo la suerte de haber nacido y haberse desenvuelto en un entorno social favorable, ¿por qué los frutos de su esfuerzo no pueden ser compartidos con el resto de la sociedad, que por medio de su configuración contribuyó a su buena suerte?

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29 de Noviembre, 2019 15:11
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En la filosofía política, la suerte es un factor de discusión fundamental, en una de las discusiones más encarnizadas de la filosofía política contemporánea: la colisión entre el libertarismo y el republicanismo (o el liberalismo igualitario).

Quienes se sitúan en la corriente libertaria de pensamiento, el esfuerzo individual es el motor de la sociedad. Cada persona es capaz de lograr la felicidad, por lo menos material, siempre y cuando aproveche sus capacidades individuales y ponga el esfuerzo necesario para prosperar. Por lo tanto, el Estado no debe intervenir en la vida de los particulares, ni obtener ganancias del esfuerzo ajeno. Para el libertarismo, la exacción de la riqueza por medio de impuestos es ilegítima por naturaleza, únicamente justificable en virtud de prestaciones estatales que busquen resguardar la libertad individual (por ejemplo, la mantención del orden público). Para el libertarismo, además, no es justo que el Estado acuda en ayuda de personas que no se esfuerzan lo suficiente, y para mayor agravio, mediante los recursos que se le extraen a las personas más exitosas y esforzadas. Así pues, uno podría pensar que, en buen chileno, un Estado ideal es el que premia a los que se esfuerzan y castiga a los flojos. ¿Por qué el Estado debe cobrar impuestos a los más ricos, a quienes son los más esforzados, para financiar a aquellos que son flojos y no se esfuerzan lo suficiente? Cualquier ayuda hacia los pobres debe provenir necesariamente desde la caridad: lo que los más esforzados deseen, voluntariamente, contribuir para ayudar a los más necesitados. Pero, ¿qué tiene que ver la suerte con todo esto?

La suerte es, en definitiva, lo que justifica la exacción de impuestos por parte del Estado, las políticas de salud universal, educación gratuita, pensiones solidarias, entre otros. Pongamos por ejemplo a Alexis Sánchez. Un muchacho que nació en una de las comunas más pobres de Chile, y quien, a punta de esfuerzo, sangre y sudor, llegó hasta la cúspide del fútbol mundial, y en el camino, ganó mucho dinero. Para el libertarismo, resulta injusto que los frutos monetarios de su esfuerzo individual vaya a parar, por la vía de ayudas sociales, a las manos de, por ejemplo, un futbolista amateur de Tercera División que no va a los entrenamientos porque está borracho.

Pero resulta que Alexis tuvo suerte. Sí, tuvo suerte de vivir en una sociedad que valora el fútbol. Tuvo suerte de que muchos de sus congéneres, sean o no esforzados, pagan religiosamente entradas para verlo jugar. De que muchos conciudadanos compren su camiseta de la marca que lo auspicia. Tuvo suerte de que, justo en el momento en que era un niño embarrado en las calles de Tocopilla, un veedor apreció su potencial y lo mandó a entrenar en un club profesional. Tuvo suerte de haber tenido una familia que lo apoyó en su carrera de futbolista. Quizá si hubiese nacido en Estados Unidos, donde el fútbol no es valorado, no habría tenido la misma suerte. O haber nacido en Magallanes, donde las condiciones climáticas no son apropiadas para practicar ese deporte. Entonces, si Alexis tuvo la suerte de haber nacido y haberse desenvuelto en un entorno social favorable, ¿por qué los frutos de su esfuerzo no pueden ser compartidos con el resto de la sociedad, que por medio de su configuración contribuyó a su buena suerte? Ése es el argumento que el libertarismo aún no es capaz de superar: los impuestos, prestaciones estatales y otras ayudas sociales, son justas, porque es la sociedad misma la que ha contribuido a que los esfuerzos de las personas den frutos.

Y al revés: hay gente que no tiene la suerte de Alexis. Que por más que se esfuerzan, trabajan de sol a sol, y ponen todo de sí para vivir mejor, aun así siguen viviendo precariamente. Y por otro lado, hay algunos que tienen mucha más suerte que Alexis: con la mitad del esfuerzo, poseen trabajos soñados, obtienen fabulosas ganancias y tienen un estilo de vida que les permite satisfacer todas sus necesidades básicas, y más. Entonces, ¿por qué no dejamos que otros, menos favorecidos, disfruten de la suerte de Alexis? 

El esfuerzo personal tiene su límite, y éste viene dado por la configuración social del individuo que se esfuerza. Por más que uno se esfuerze mucho por levantar una piedra pesada, no podrá hacerlo si no tiene la suerte de encontrarse una palanca. De esta manera, el argumento del esfuerzo individual es inválido y, además, egoísta. Si uno de cien triunfó gracias a su esfuerzo, en realidad fue suerte, pues ese triunfador olvida que es la sociedad la que le ha permitido triunfar.

Ver también: La cocina y la representación política en crisis

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