18 chico en grande

18 chico en grande

30 Noviembre 1999
En grande despedí a las Fiestas Patrias, en medio del valle de Azapa, con el calor de la gente y de una rica guatia
Héctor Espíndola >
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Las Fiestas Patrias se despidieron recién este fin de semana de Arica. En una vuelta por las fondas y ramadas apostadas en San Miguel de Azapa, que se abrieron el 23 de septiembre, a fin de celebrar el 18 chico, cuyas fiestas están destinadas a los comerciantes que no pudieron celebrar anteriormente, pude apreciar como se vive esta chilenidad típica del norte del país.
A diferencia de las fondas que se levantan cada año a los pies del Morro, pude ver como en San Miguel de Azapa, sí se vive la tradición, pero esta tradición nuestra y que se da sólo de este lugar de la región. En un recorrido de no más de 200 metros observé cómo las personas dan vueltas una y otra vez por los mismos lugares, no con el afán de pasear o solo mirar, sino que lo hacían esperando que ya estuviera pronta la comida tradicional del valle e interior.
Carteles, letreros y los gritos de los fonderos van dando aviso de esta cuenta regresiva por saborearse un plato en particular y que definiría, como la comida reina de la ramada, la tradicional guatia. De pronto, desde un local anuncian que ya está listo, e invitan a los participantes a observar el destape de esa lenta pero progresiva cocción.
Y llega el momento tan esperado, donde se agarran palas y lentamente se mueve la tierra, se sacan sacos, luego hojas de choclos, asfalfa y piedras, y lo que para mí y mi hija Carolina, que me acompañó, nos significó una gran sorpresa, un par de ollas grandes donde estaba el apetecido alimento, la Guatia.
Después del espectáculo de tradición y apetito, conversé con algunos locatarios, que me dijeron que este año les fue bien, que como siempre se llena de comerciantes que sólo quieren disfrutar y descansar tras los días trabajados. El resto de los participantes, de los que llegamos de la ciudad por curiosidad, lo hacemos a la “hora del té”, a disfrutar de una empanada o un vino tinto y despedir así, en medio del Valle de Azapa, el más místico del norte, estas Fiestas Patrias que se acercan a cumplir 200 años.
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