La Muestra de Cine más pequeña del mundo llega a Guañacagua: “Un cine con más sentimientos que efectos especiales”

La Muestra de Cine más pequeña del mundo llega a Guañacagua: “Un cine con más sentimientos que efectos especiales”

02 Noviembre 2017

El Festival Internacional de Cine Indígena y Rural, Arica Nativa, arranca este sábado 4 de noviembre. 

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El Festival Internacional de Cine Indígena y Rural, Arica Nativa, arranca este sábado 4 de noviembre en Guañacagua con la ‘muestra de cine más pequeña del mundo’. 

Directo desde España llegan sus directores Miguel Cordero y Néstor Prades a contarnos su enriquecedora experiencia gestando su propio Festival de Cine en el pueblo de Ascaso (norte de España). Ascaso es una aldea de siete casas (tres rehabilitadas y cuatro aún en ruinas) y una iglesia. Su trabajo junto a la comunidad de [email protected] ha hecho posible que una vez al año la aldea se llene de amantes del cine, proyecciones y mucha cultura; y, por sobre todo, generar conciencia y compromiso para rehabilitar las casas, algunas en ruinas, y mejorar las infraestructuras. De los Pirineos a los Andes compartirán aprendizajes y la valorización de un ‘cine artesano, de calidad y con calidez’. 

De Ascaso a Guañacagua, ¿qué se siente al poder saltar el océano para mostrar parte de sus proyecciones en uno de los pueblos del sur andino? 

Estamos muy emocionados de poder conocer la experiencia de Arica Nativa. Desde que conocimos el proyecto que aúna poner en valor a las pequeñas aldeas mediante la rehabilitación del patrimonio y el trabajo audiovisual, nos sentimos muy identificados con lo que intentamos hacer en Ascaso. Vamos a proyectar solo un pequeño documental sobre nuestra muestra, ya que lo importante es que se vean las creaciones que se han presentado a concurso.

Esta vez pasarán de 1000 msnm (Ascaso) a 2.250 msnm (Guañacagua)… Toda una experiencia disfrutar del cine a tanta altitud…Puede que falte el oxígeno, pero no el cine y su público. ¿Qué proyecciones presentarán en esta ocasión tan especial?  

Hemos propuesto a la organización proyectar un corto del director Iván Fernández de Córdoba que se rodó durante la quinta edición de Ascaso (2015) y que, creemos, da una idea de lo que es la que popularmente se conoce en España como “la muestra de cine más pequeña del mundo”. Quisiéramos aprovechar para en un pequeño coloquio posterior comentar qué hacemos y agradecer a la fundación Altiplano su apoyo y acogida.

En base a su experiencia fundando la Muestra de Cine de Ascaso, ¿qué es lo más enriquecedor de acercar el séptimo arte a poblaciones rurales?  

Vivimos en un mundo, el del siglo XXI, dominado por lo audiovisual. Marginar a las pequeñas poblaciones rurales de los circuitos del cine y de la creación audiovisual (en especial a los jóvenes) es crear una nueva brecha que, desde nuestro pequeño esfuerzo, nos gustaría suturar. Además, creemos que hay mucho más cine que el que las grandes productoras se empeñan en difundir a través de televisiones y circuitos comerciales. Un cine con más sentimientos que efectos especiales.

Arica Nativa a través de la Fundación Altiplano tiene un contacto directo con [email protected] [email protected], ¿qué expectativas tienen con su visita a Arica y los pueblos sur andinos? ¿Primera vez que visitan Chile?  

Sí, es la primera vez. Estamos muy emocionados de poder conocer la experiencia y agradecidos por la invitación. Quisiéramos conocer todos los proyectos, ver las rehabilitaciones, conversar con la gente, absorber información... Aunque tenemos poco tiempo y no nos gustaría ser una molestia para los organizadores, que estarán en el momento más crítico de todo el proceso que significa poner en marcha un festival como éste.

¿Qué les dirían a los ariqueños, aymaras y demás habitantes de la región para motivarles a asistir a Guañacagua a disfrutar del Festival y del cine?  

Decía el gran Calderón que “la vida es sueño” y añadía Luis Eduardo Aute “que los sueños, cine son”. El cine y el audiovisual es el lenguaje de nuestra época y es muy importante que todos sepamos entender ese lenguaje y, a ser posible, escribirlo. Experiencias como las escuelas de cine son elementos de una fuerte carga liberadora que nos interesan muchísimo. Queremos ver los gestos de alegría y de tristeza que una película siempre despierta en sus espectadores. El pueblo aymara ha sido un gran creador de arte popular y puede serlo también del séptimo arte, claro que sí.

Hace un año decidieron entregar el Premio Ascaso a Arica Nativa por “llevar la cultura y el séptimo arte donde no llega” el cual recibimos con orgullo, ¿cómo conocieron de nuestro Festival? ¿Qué les llevó a premiarlo? 

Conocimos Arica Nativa por su generosidad. El año 2012 fue la primera edición de nuestro festival, en una vieja era y en las ruinas de una borda (establo). El día de la inauguración llovió; y la gente se refugió en la borda. Pero el estado de los tejados era tan ruinoso que parecía llover más dentro que fuera. Entendimos que no podía haber festival sin rehabilitar edificios. Queríamos que la vida volviera a Ascaso (aldea que se abandonó en los años 50 del siglo pasado) y vimos que, junto a la recuperación de las relaciones socioculturales, era necesario recuperar edificios como la borda, que es un ejemplo de arquitectura popular, tal vez originaria de los siglos XVII Y XVIII. La asociación de vecinos no teníamos dinero ni apoyo público así que lanzamos una campaña de crowfounding a través de Internet y, cuando parecía que no llegábamos al mínimo necesario, el festival de Arica-nativa nos hizo la aportación con la que llegamos. De ahí nuestro agradecimiento. Y como con los años hemos ido conociendo su actividad, cuando su festival llegó a la décima edición, decidimos por unanimidad entregarle el premio Ascaso 2016, que cada año otorgamos a personas o instituciones que acercan el cine más independiente y pequeño al mundo rural.

¿Cómo nació la Muestra de Cine de Ascaso? ¿Qué les vinculó a esta población rural y qué impacto ha tenido en ella? 

Ascaso es una aldea de siete casas (tres rehabilitadas y cuatro aún en ruinas), una iglesia y varias bordas que se abandonó a mediados del siglo pasado, cómo muchas otras poblaciones del Pirineo aragonés. Pero toda construida en piedra con numerosos ejemplos de arquitectura popular  pirenaica.

En los años 90 compramos una casa en ruinas y la rehabilitamos. Enseguida fuimos conscientes que, para llamar la atención de las administraciones públicas (no hay ni luz eléctrica ni saneamiento, la pista de acceso está sin asfaltar) era necesario hacer algo llamativo. Y, además, queríamos realizar algo que permitiera generar sentimiento de comunidad y acercarnos a los vecinos de las aldeas y pueblos cercanos. Con el apoyo de algunos amigos y conocidos del mundo del cine, montamos con mucho esfuerzo la primera edición. Todo el mundo era consciente de la pequeñez de nuestro proyecto. Pero en una España en crisis que veía desaparecer numerosos eventos culturales, aquella iniciativa cayó en gracia y los medios de comunicación nos trataron (y aún lo siguen haciendo) con cariño y generosidad.

Desde entonces vamos consiguiendo muchas cosas, no solo consolidando el festival de cine. Algunos antiguos habitantes empiezan a volver rehabilitando casas o bordas, el ayuntamiento de Boltaña (a cuyo municipio pertenecemos) cuida más la aldea (limpieza, arreglo de la pista, etc.) y, dentro de muy poco, llegará la luz eléctrica normalizada (ahora dependemos de una vieja y pequeña central fotovoltaica que cualquier día dejará de funcionar).

De las películas que han tenido en la muestra, ¿cuál ha sido su preferida? 

Ufff. Eso es algo muy difícil de decir, porque en la selección que hacemos, siempre hay motivos para encariñarnos con ellas. Ha habido momentos muy mágicos. Como cuando en la primera edición proyectamos una película autobiográfica del director Luis Miñarro (que, como productor, tiene una plana de oro en Cannes) y estuvo presentándola en Ascaso. O como al final de la proyección de “Nostalgia de la luz” (Patricio Guzmán) nos dimos cuenta de que el cielo estrellado de Ascaso era un fabuloso techo de cine que encajaba con la película. O como cuando tras la proyección de “Rams, el valle de los carneros"  (Grímur Hákonarson) organizamos un coloquio con dos pastores y vinieron casi todos los ganaderos de la comarca. O, cuando tras proyectar una película vasca casi desconocida: “Loreak”, con la presencia de sus dos directores en Ascaso, a los 15 días fue seleccionada por nuestro país para los Óscars… pero no tenemos ninguna favorita. A pesar de no tener una temática  determinada, siempre intentamos programar películas que de alguna forma se interrelacionen con el espacio donde se proyectan, con el tipo de público que viene a verlas o con nuestra forma de ver la vida.

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