Los estereotipos envejecen: Joven de 66 años rechaza retirarse a sus cuarteles de invierno

Los estereotipos envejecen: Joven de 66 años rechaza retirarse a sus cuarteles de invierno

03 Abril 2018

La ciencia, la acumulación de conocimientos, el desarrollo de la tecnología, la elevación de la organización y la conciencia social, han permitido que grupos que estuvieron históricamente marginados, invisibilizados y postergados, aparezcan activamente con sus demandas y denuncias.

Patricio Barrio... >
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“Tengo 66 años. Sin problemas de salud física ni mental. Muy pocas canas y muchos proyectos por desarrollar. Me gusta bailar. Uso camisas floreadas, pantalones pitillo de colores y chapulinas… ¿cómo convenzo a esta sociedad –que rinde culto a la juventud– que no soy un viejo, que tengo muchas ganas de aportar, de conversar de construir…?”.

Estas líneas que parecieran una carta consulta a “algún doctor” especializado en “algún medio de comunicación” farandulero dan cuenta, hoy, de una realidad concreta donde mujeres y hombres –que ya superaron los 50 años– luchan porque se les reconozca personas, capacidades, habilidades, derechos… sueños.

Esta sociedad estereotipada, encasillada, embotellada, encajonada, que dicta reglas y normas para unos y para otros, para todos y para todo, no permite la diferencia, la alternativa, lo distinto a lo socialmente aceptado. Una sociedad que ha mantenido su estructura de poder, de dominación a través de lo inamovible, lo indiscutible, lo indudable, encuentra su mejor defensa en la supervivencia de los dogmas, prolongando hasta lo increíble los procesos de enseñanza aprendizaje basados en la imitación y en la referencia de lo probado y aceptado como inocuo para la subsistencia de esa misma estructura.

Pero la ciencia, la acumulación de conocimientos, el desarrollo de la tecnología, la elevación de la organización y la conciencia social, han permitido que grupos que estuvieron históricamente marginados, invisibilizados y postergados, aparezcan activamente con sus demandas y denuncias.

Entre ellos, mujeres y hombres que se ubican entre los 50 y 70 años. Que han encontrado formas distintas de subsistencia a las basadas en la imitación y han asumido y construido sus vidas asumiendo, sin saberlo necesariamente, la perspectiva autopoiética de Maturana y Varela.

Mujeres y hombres que no han escabullido sus responsabilidades sociales, familiares, políticas, que tuvieron la posibilidad de pensar, reflexionar, participar en la construcción de pensamiento diferente en el que todo se pone en duda y en el que a través del mismo pensamiento es posible construir relaciones de poder distintas.

Son jóvenes de antes, que participaron o conocieron las luchas por la Reforma Universitaria de los 60’, que se emocionaron con el Mayo Francés del 68, que preferían hacer el amor y no la guerra, que aborrecieron la guerra en Vietnam, que participaron de los movimientos políticos emergentes en el Chile pre Unidad Popular, que lucharon contra la dictadura, que entregaron sus esfuerzos por libertad, democracia y justicia…

Esas y esos jóvenes que, gracias a la ciencia y la tecnología, a la medicina –que no es otra cosa que ciencia y tecnología– habitan mejores cuerpos lo que les permite, al mismo tiempo, desarrollarse intelectualmente en mejores condiciones.

Jóvenes que han hecho suyos el Facebook, el Whatsapp, el Instagram, el Twitter, que no permiten que se les encasille en las modas de sus años juveniles, que no entienden por qué la sociedad les exige que sean más pausados, que utilicen colores “más sobrios” en sus ropas, que se retiren a sus cuarteles de invierno, que no bailen como si fueran cabros… que no hagan el ridículo.

Al fin y al cabo –genios y figuras hasta la sepultura–, entienden y asumen que la edad no es una situación cronológica si no una actitud mental… y por eso queda juventud para rato.