Otra vez al BancoEstado: La tercera es la vencida

Otra vez al BancoEstado: La tercera es la vencida

09 Octubre 2020

Recibí la llamada, por fin a cerrar la tarjeta dorada.

Ada Angélica Rivas >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Recibí la esperada llamada de Guillermina, ejecutiva de la caja número tres del Bancoestado, para por fin ir a cerrar la tarjeta dorada que me llegó al domicilio. La vez que fui a darle la extremaunción, hace una semana, no fue posible porque había que acelerar la deuda que estaba en cero, pero me cobraban intereses ya que había ocupado cierta cantidad de dinero que pagué anticipadamente. 

Caminé 25 minutos. Por la ladera del cerro de la Prolongación 21 de Mayo, la fetidez de un animal muerto me obligó a dejar de respirar unos minutos y avanzar más rápido. Afuera del hospital un gato muerto de unos días, por las larvas que le salían del cuerpo, estaba sobre un cartón y un pedazo de pan a su lado. Una ofrenda mortuoria para su camino al más allá. 

Pido a don Alejandro, el encargado de la temperatura en el Bancoestado, que me deje entrar porque la fila ya la había hecho una semana atrás. Mientras, un joven comenta que le pasó lo que a muchos. Problemas familiares de herencias usurpadas por hermanos avaros y malintencionados. No es que ande poniendo la oreja, pero él hablaba fuerte, en el fondo quería que fuéramos parte de su malestar. La hermana y su madre le habían quitado lo que el padre había dejado, haciéndolo firmar antes de morir en forma de venta truculenta. Nunca he entendido eso. Al nivel que se llega por despojar a la familia de los bienes que le corresponden por herencia. ¿De qué sirve colmarse de bienes materiales y dinero para tener seguridad y ser a veces un pobre ser humano? 

Me atienden y para variar el sistema no leyó mi carnet de identidad. Respiro profundo y le digo a la cajera: ¿Qué hacemos? Me indica que me hará preguntas. ¿Cuándo nació mi padre? Le doy la fecha exacta y el sistema dice que no es correcto. La dirección de mi casa es exacta, el segundo apellido de mi madre también. Pasé la prueba y seguimos.  

Se supone que quedó cerrada la cuenta de esta tarjeta de crédito, pero no, debo volver en 10 días más a la ventanilla número tres a corroborar que fue eliminada. ¡No lo puedo creer! Tres permisos temporales para solo ir a cerrar una tarjeta que el Banco me envió a la casa. ¿Cuánto cuesta deshacerse de este dinero plástico que ni siquiera es tuyo? Por qué extraña estupidez recibí esta tarjeta si hace rato las había eliminado todas, excepto la de débito de la Cuenta Rut. 

Al frente del banco hay una especie de mal chino y me dirijo a él a entretenerme, mirando chucherías plásticas y con olor a huellas de carbono indefinidas. Y me alegré por el control mental de no comprar nada que no necesitara. Después de conocer a Pepe Mujica a través de su historia, el consumo no me consume, y salí con una cinta adhesiva y un incienso. 

Caminé hasta el final del Paseo 21 para aprovechar las tres horas que me dieron de permiso en cuarentena… y regreso lento, mirando todo lo que puedo y a dos cuadras aparece él, un caminante típico del centro, siempre exponiendo su piel al sol. Libre y sin preocupaciones más que las que su mente le invoca. Pienso en nuestra pandemia mental que nos tiene al borde de la desesperación, los sin trabajo, las peleas puertas adentro, la fobia a la soledad, la necesidad del otro, de reírse mirando a la cara y sentir la presión de un abrazo para aliviar los dolores múltiples. 

Compro dos kilos de harina, porque al permiso le puse banco-supermercado-trámites varios, y al final nadie me controló ni de ida, ni de vuelta. Un café y unos pastelitos diminutos me dieron un momento de placer en una calurosa banca. Me instalo y lo disfruto y regreso al filo de la hora estipulada, sabiendo que en 10 días más debo volver presencialmente al mismo lugar. Invoco al presidente del Bancoestado, Sebastián Sichel, si supiera todas las peripecias que debemos vivir los ciudadanos de a pie, quizás ordenaría que el sistema fuera más eficiente. Espero que la tercera sea la vencida.