Carta de un profesor rural, a sus niños aymaras

Carta de un profesor rural, a sus niños aymaras

16 Octubre 2013
En el día del profesor, deseo escribir unas líneas a mis alumnos de Chujlluta (pueblito ubicado a 180Kms. de Arica y a más de 4000 m. de altura), donde trabajé en conjunto con mi gran amigo Patricio Gutiérrez, y aunque los años han pasado inobjetablemente, seguirán siendo mis queridos alumnos.
José Olivares C... >
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Quizás aquellos niños ni siquiera me recuerdan como el profesor de sus primeros años de estudio, pero si yo los recuerdo porque ellos significaron mucho para mí.

Era la década de los 80 y yo comenzaba mi carrera docente en las frías tierras del altiplano, niños que me enseñaron a volver a ser un niño; hacer de las adivinanzas y los cuentos algo muy importante, jugar en medio de la nieve,  volver a ser aficionado a las historietas  de dibujos animados, jugar con piedrecitas imaginando un sinfín de vehículos recorriendo montículos de tierra entre queñuas y  bofedales. Saber que los huevos de ñandú son más bonito pintarlos que comérselos. Comprender que la talla de ropa no debe importar, solo debemos ser felices al sentirnos abrigados; aprendí de ustedes a querer los animales, observándolos como amaban sus llamitos, me convertí en un amigo de los carabineros, porque ustedes los querían y los respetaban; Nunca olvidaré que las sopaipillas son más ricas que los panes de la ciudad y que un jarro de agua con harina tostada, es más delicioso que una bebida envasada.

Una enseñanza muy importante que seguiré tomando en cuenta siempre, lo sano que resulta obedecer a los mayores, respetarlos y acompañarlos cuando están solos;  una sonrisa trasparente, es el mejor regalo que uno podría recibir de los niños, además que la sinceridad de ustedes puede hacer muy feliz a los adultos que la reciben.

El compartir con ustedes durante varios años viéndolos cuán rápido crecían y cambiaban de niños en adolecentes, al igual a una oruga convirtiéndose en una bella mariposa, no serán solo vivencias, sino una etapa motivadora en mi vida, como padre, tío y abuelo.

Pero lo que más ha quedado grabado en mi mente, son los hermosos días que viví entre ustedes como alumnos y cuanto cariño les tengo a pesar del tiempo trascurrido. Quizás, alguno me recuerde como el profe “güena onda”. Solo hoy quisiera decirles de todo corazón que los quise, los quiero y los querré siempre, fueron una gran lección de vida.