Chile al borde del abismo

Chile al borde del abismo

10 Agosto 2020

Será responsabilidad de la elite dominante lo que ocurra en este tiempo de turbulencias. Créanlo, los cambios necesarios para la modernización política, social y económica, se habrán de materializar con ella o sin ella, el pueblo ya lo decidió.

José Sanfuentes >
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La lectura de los diarios de ayer domingo 9 de agosto, ha sido una experiencia frustrante. En la prensa dominante nacional - los grandes medios - y en otros menores, todo destilaba pesimismo. Voceros de familias empresarias muy adineradas, “técnicos” y comentaristas que les acompañan, políticos por doquier, incluidos los delirantes que abundan en las redes sociales, en general la elite chilena, ve al país cuesta abajo en la rodada. 

Porqué tanto pesimismo? Por un lado, se estaría desmantelando la estantería institucional del país, porque el Congreso ejerce sus atribuciones y aplica sus mayorías; agregado de la Convención Constituyente como clímax del desastre. Por otro, se estaría desmantelando el modelo económico, el retiro del 10% sería el detonante, para llevar a Chile de vuelta a la mediocridad y a una pobreza tipo caribeña. En fin, abundan ácidas críticas a la justicia, a la lenidad de las entidades que debieran poner “orden”, a la decadencia de la política y la futilidad de las religiones, es decir, ya con los instrumentos de contención desbordados.

 ¿Será para tanto? Sí, si lo es. Efectivamente la posición de las elites dominantes se está poniendo en cuestión, y la responsabilidad es de ellas. Se impuso - luego de una revolución armada el año 1973 y durante 17 años - una Constitución, un modelo económico y un ambiente político y social que despreció al pueblo y convirtió a Chile en un “oasis” para esa elite. Conquistada la democracia el año 1990, existió la oportunidad de allanarse a la necesaria modernización que requería el país, para alcanzar una convivencia civilizada y un nuevo pacto nacional por la democracia y la justicia social. La elite se negó a ello, oponiéndose reiteradamente a los cambios y sobretodo capturando la voluntad de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría que, a ojos del pueblo, se farrearon la posibilidad de conducir a Chile por el camino de una democracia del bienestar universal. Hoy, el pueblo reclama lo suyo, legítimamente. Es ya casi medio siglo de postergaciones. Nadie niega que algo de chorreo ha funcionado, pero es consenso absoluto que “el chancho está mal repartido”, y llegó la hora de cambiar la inequidad estructural de la sociedad chilena.

De nuevo, será responsabilidad de la elite dominante lo que ocurra en este tiempo de turbulencias. Créanlo, los cambios necesarios para la modernización política, social y económica, se habrán de materializar con ella o sin ella, el pueblo ya lo decidió. Chile espera una nueva actitud de responsabilidad y compromiso patriótico por parte de los líderes más sensatos de esta elite dominante. El pueblo odia la violencia, derramó mucha sangre para conquistar una democracia que permitiera dirimir civilizadamente las diferencias naturales que conviven en toda sociedad, para alcanzar la libertad de ejercer las hegemonías democráticas, respetando a mayorías y minorías. En Chile cabemos todos. De una vez, hay que tomar conciencia que mantener el “oasis” privativo de una minoría ya es insostenible. Hay que actuar mirando el futuro con un optimismo basado en el compromiso con el bien común y el verdadero amor a Chile. Lo mejor está por venir, depende de todos hacerlo posible sin traumas ni dolorosos partos fratricidas.