Marie Curie: ¿Una anti modelo?

13 Octubre 2021
Una de las tendencias recientes y más notorias en el trabajo por la igualdad de género son los esfuerzos por incorporar más mujeres a las carreras STEM (acrónimo inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics). Chile es uno de los países con menor participación en esas disciplinas.
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Un estudio de ONU Mujeres el año 2020 reveló que somos el país con menor participación femenina en carreras de tecnologías de la información y comunicación (12.7%), el tercero más bajo en ingeniería, manufactura y construcción (17.7%) y el cuarto más bajo en ciencias naturales, matemáticas y estadística (46.5%). 

Dentro de los factores que podrían explicar tal situación podría estar la falta de modelos de rol cercanos y realistas que inspiren la vocación en dichos ámbitos. Sucede que, cuando pensamos en una mujer de referencia en el mundo de las ciencias, la primera imagen que con casi total seguridad se nos viene a la cabeza es la de Marie Curie. Física, matemática y química pionera en el campo de la radiactividad, fue la primera persona en recibir dos Premios Nobel en distintas especialidades: Física (1903) y Química (1911), y la primera mujer en hacer clases en la Universidad de París. Además tuvo dos hijas: Irene, quien compartió con su esposo el Premio Nobel de Química en 1935, y Eve,  con vocación de escritora, siendo crítica de música y de cine de varias revistas. Se trata de una historia tan increíble como poco cercana. Es probable que la lejanía de sus logros se traduzca en nuestro imaginario en un imposible, renunciando rápidamente a verla como una referente.

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Lo concreto es que, a la fecha, solo 19 mujeres han ganado el Premio Nobel de Física, Química o Medicina desde que Marie Curie lo obtuvo en 1903, en comparación con los más de 570 hombres que lo han recibido en estas áreas. Por otro lado, si miramos la realidad nacional y buscamos referentes científicos femeninos a nuestro alrededor nos encontramos que, desde que se creó el Premio Nacional de Ciencias Exactas en el año 1992, solo dos mujeres lo han obtenido (las doctoras María Teresa Ruiz y Dora Altbir D). En el caso del Premio Nacional de Ciencias Naturales, solo tres mujeres ostentan dicho reconocimiento (las doctoras María Cecilia Hidalgo, Mary Therese Kalin y Ligia Gargallo) y, más preocupante aún, ninguna mujer ha sido reconocida con el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas. Estas cifras son poco alentadoras y más, que una inspiración, pueden generar un efecto contrario, de tipo disuasivo.

La estrategia, entonces, podría pasar por otro lado. De esta forma, el espejo donde mirarnos podría encontrarse en la exploración de modelos de rol más familiares y cercanos. Desde esta perspectiva, podría ser de interés mirar más de cerca a las mujeres de nuestra familia, sobre todo a nuestras abuelas y madres. Resulta curioso que, cuando buscamos el significado de la palabra “madre” en el diccionario de la lengua española (RAE), se destacan las cualidades que se le atribuyen, especialmente “su carácter protector y afectivo”, pero no como un referente a seguir. Mucho menos los posibles conocimientos aprendidos de ellas y su impacto en la vida de hijos e hijas.

En una reveladora conversación con “Científicamente mujeres” (iniciativa alojada en su canal de YouTube), la académica de la Universidad de Chile, la doctora Michele Dufey D., señaló que, en su caso, la elección de ser científica fue producto de un conocimiento transgeneracional de mujeres en su familia con mucha pasión por el conocimiento y ganas de transmitirlo. Sin duda, a partir de sus palabras, es posible intuir que hay un legado con potencial inspirador y no lo suficientemente reconocido. Su madre le inculcó el método, tal como muchas madres lo hacen. Se trata de una herencia poderosa, en apariencia poco tangible y totalmente invisible hasta ahora.  Volcar la mirada en la figura materna como modelo de rol con potencial científico podría emerger como vía para contribuir a revertir las magras cifras de elección vocacional femenina por carreras de tipo científico. 

Por Rocío Mayol Troncoso, Psicóloga, Dra. en Ciencias Biomédicas y Directora Científicamente_Mujeres (Instagram @cientificamente_mujeres)